El sociólogo francés Löic Wacquant defiende en su obra ‘Punishing the poor’ que los estados neocapitalistas desarrollan tres grandes formas de gestionar la marginalidad. La vía más dura es la punitiva. Se establecen normas y decretos que sancionan las conductas indeseables. El ‘nómada urbano’ es etiquetado y tratado como un delincuente. ‘La penalización funciona como una técnica para la invisibilización de los problemas sociales que el Estado, como palanca burocrática de la voluntad colectiva, ya no puede o no quiere tratar desde sus causas, y la cárcel actúa como un contenedor judicial donde se arrojan los desechos humanos de la sociedad de mercado”.
Pero hay maneras más amables de conseguir el mismo efecto. Una de las formas de limpiar del paisaje urbano a los ‘sin techo’ es a través de políticas de subempleo que les permita acceder al mercado de las subviviendas subvencionadas y agrupadas en guetos periféricos. Se consigue así reducir la visibilidad de las diferencias de clase y esconder la obscenidad de la pobreza sin ir a las raíces estructurales de los problemas.
La manera más socialmente aceptable de retirar a los descartados sociales del espacio público es considerarlos como enfermos que precisan de ingreso en una institución médica. Asociar indigencia con enfermedades que amenazan la salud pública (como el sida o la tuberculosis), la seguridad pública (como las conductas agresivas de los alcohólicos y drogadictos) o la higiene mental (las etiquetas diagnósticas de depresión y esquizofrenia) es la coartada perfecta para conseguir ese fin.


https://libcom.org/files/Lo%C3%AFc%20Wacquant%20-%20Punishing%20the%20Poor.pdf