Profesionales e industrias. El sistema sanitario sirve a pacientes y poblaciones, ¿o viceversa?[1]

 

A.- Introducción

B.- El problema (1 visión general, 2 visión cercana)

C.- Las consecuencias (1 en general, 2 en concreto)

D.- Las causas (1 de fondo, 2 de forma)

E.- Las soluciones (1 en grande, 2 en pequeño)

Conclusión

 

 

A.- Introducción

Algunos sociólogos de la salud, en París, en Mayo de 1968, definieron que “los pacientes son el combustible del sistema sanitario”, terrible afirmación que se cumple muchas veces, lamentablemente.

Dicho de otra forma es algo existencial: “Ser o no ser, ésa es la cuestión. ¿Cuál es más digna acción del sistema sanitario, servir a pacientes y poblaciones o servirse de pacientes y poblaciones?”.

Parece que la respuesta es sencilla, “servir a pacientes y poblaciones” pero los hechos dan lugar a dudas.

 

B.- El problema[2]

1.- La visión general

En España, en 2022 el gasto sanitario público total ascendió a 92.072 millones de euros. De esta cantidad, 22.015 millones se gastaron en medicamentos.  Es decir, el gasto en medicamentos supuso un 24% sobre el gasto sanitario público total, lo que supone el doble de lo prudente.

El exceso, unos diez mil millones de euros, implica beneficios legales pero ilegítimos para los accionistas de las empresas y los directivos de las mismas. El problema es que se produce un abuso sistemático de posición dominante, exigiendo las empresas precios mucho más altos de lo que serían necesarios para financiar la investigación que realizan (hasta siete veces más).

Por ejemplo, lenacapavir para el VIH cuesta unos 100 euros el tratamiento anual, pero se vende a 20.000, en un indecente ejercicio de “la bolsa o la vida” (que llega a ser en algunos casos “la bolsa y la vida”, por superar los daños de los medicamentos a sus beneficios).

Parte de ese gasto en exceso se emplea en acciones de cabildeo (lobby), marketing, promoción, formación continuada de profesionales, elaboración de guías clínicas, seminarios de pensamiento estratégico para Consejerías, Ministerios y parlamentarios, patrocinio de asociaciones científicas de profesionales, y de pacientes, etc.

De esta forma se controla el sistema pues se influye sobre las líneas de investigación, la aprobación, financiación, precios, y prescripción de medicamentos, y sobre la orientación, prioridades y leyes de los gobiernos regionales, nacionales, europeos y globales.

En España, el crecimiento continuado del gasto en medicamentos, siempre superior al crecimiento del Producto Interior Bruto, es un desafío fundamental para la sostenibilidad del Sistema Nacional de Salud (SNS) y amenaza la equidad y la accesibilidad a los medicamentos necesarios.

2.- La visión cercana

En España, de cada 10 ciudadanos, tres toman algún psicofármaco, tres un omeprazol, y dos un medicamento para el colesterol. En cierta forma, la medicación se emplea como “bálsamo social” pues, por ejemplo, los opiáceos se prescriben con mayor frecuencia a personas con rentas bajas.

Entre los mayores de 70 años, la mitad toma cinco medicamentos o más. La mitad (generalmente una mujer) recibe algún psicofármaco cada año. En esta franja de edad, una de cada cuatro personas toma un fármaco para la depresión, también una de cada cuatro toma un medicamento para dormir, y una de cada 10 un neuroléptico.

Las actividades de propaganda (marketing) de la industria farmacéutica superan en gasto al de investigación y desarrollo, y logran su objetivo de consumo excesivo e innecesario de medicamentos. Al tiempo hay necesidades sin cubrir en algunos campos concretos en los países enriquecidos y en casi todos los campos en los países empobrecidos.

 

C.- Las consecuencias

1.- En lo general

El exceso de gasto farmacéutico (ya citado, más de 10.000 millones de euros anuales) implica el uso innecesario e irracional de medicamentos sin beneficios. De hecho, se puede decir que “los medicamentos acaparan el presupuesto y gobiernan el sistema sanitario”.

El entramado que logra tal exceso de gasto corrompe al sistema sanitario de pies a cabeza y genera un caldo de cultivo en que cabe normalizar toda conducta reprobable, desde el aceptar sobornos por las industrias al incumplimiento de horarios pasando por la manipulación de listas de espera (que se palian con “peonadas”, a base de trabajo extra).

Finalmente, la corrupción impune alcanza a toda la sociedad, especialmente manipulada a través de los medios de comunicación.

El concepto de “factor de riesgo”, que es asociación estadística, se transforma en factor causal y, puesto que vivir es factor de riesgo para morir, toda adversidad, desasosiego y malestar se transforma en enfermedad (se llega a inventar enfermedades y sociedades científicas profesionales ad hoc que definen salud mediante cifras y normas a conveniencia, la biometría) y se exige un medicamento para cada molestia, con la idea de que hay una solución simple para problemas complejos. Por consecuencia se expropia la salud, se individualiza la respuesta y se incrementa la visión biológica de la existencia, una triada que favorece la percepción capitalista de que no existe la sociedad, sólo individuos.

En cierta forma la enfermedad se “independiza” y adquiere existencia propia, lo que permite la uniformación bien demostrada en protocolos y guías clínicas. Ello refleja una visión realista comercial que predomina sobre la empirista clínica del “no hay enfermedades sino enfermos”.

Además, el dinero del despilfarro del exceso de gasto farmacéutico podría servir para mejorar la Salud Pública, la Atención Primaria, la atención en Salud Mental, las condiciones de trabajo de los profesionales, los tiempos de espera y de atención, así como para consolidar los centros públicos de investigación (no solo en intervenciones farmacológicas) y generar alternativas públicas para la fabricación y desarrollo de medicamentos innovadores y medicamentos esenciales.

2.- En lo concreto

En España, entre el 15 y el 20% de las visitas a servicios de urgencias son atribuibles a efectos adversos de medicamentos cuya prescripción tendría que haber sido evitada en dos terceras partes de los casos.

De los más de 5 millones de ingresos hospitalarios anuales en España, entre 500.000 y 800.000 son atribuibles a dichos efectos adversos.

Uno de cada cinco pacientes hospitalizados sufre un efecto adverso potencialmente grave. El número anual de muertes en hospital atribuibles a efectos adversos es como mínimo de 16.000.

De los 60.000 casos anuales de fractura de fémur, 15.000 son atribuibles a medicamentos (la mayoría de ellos innecesarios o contraindicados en quienes los recibían). Una proporción significativa de los casos de neumonía, cáncer, infarto de miocardio, ictus, insuficiencia cardíaca, fibrilación auricular, insuficiencia renal, diabetes, deterioro cognitivo y demencia son atribuibles a efectos adversos de medicamentos (a los que muchas veces se responde incrementando la dosis, o con otro medicamento).

Centenares de miles de personas ─quizá un millón en España─ han sufrido alteraciones de su sexualidad causadas por fármacos. No sabemos cuántos casos de violencia, agresión y suicidio son atribuibles a los fármacos antidepresivos ISRS[3] y otros. Además, en general no se comentan con el paciente los efectos adversos posibles por lo que no hay consentimiento informado.

Demasiado a menudo el origen farmacológico de la enfermedad es desconocido por el médico, escasamente concienciado para sospecharlo, evaluarlo y corregirlo[4].

Así, por ejemplo, la inhibición de la sexualidad por antidepresivos (PSSD, disfunción sexual post-ISRS)  lleva muchas veces a etiquetar al paciente de deprimido, delirante o inestable, e incluso se le silencia o ridiculiza y, para colmo, a veces se le receta más medicación, agravando así el problema e incrementando sus consecuencias.

 

D.- Las causas

1.- De fondo

La Organización Mundial de la Salud (OMS) definió la salud como un estado de completo bienestar físico, mental y social, un imposible que es impensable si no es en los instantes que dura un orgasmo, como bien señaló Petr Skrabanek.

La OMS propuso una salud perfecta y completa, y el sistema sanitario y sus profesionales se arrogan el poder de conseguirla, por más que sólo el 10% de la salud dependa de dicho sistema.

Se produce, así, una “paradoja de la salud”, y a mayor salud mayor insatisfacción con misma pues la sociedad y sus individuos aspiran a la juventud eterna, a un estado de completo bienestar físico, mental y social. Es decir, se incentiva el consumo de “salud” como un bien que justifica todo, desde la prevención sin límites al uso de medicamentos idem. Se aspira a vivir mucho y bien, a evitar todo mal, aunque sea a costa de vivir obsesionados y sin disfrutar del día a día, “consumiendo salud” en forma de medicamentos (también vacunas), higienismo, alimentación “sana”, cursos de autoayuda, etc. Por consecuencia se medicalizan, y “medicamentizan” todas las facetas vitales, desde el embarazo a la muerte, la crianza, la etapa escolar, la adolescencia, la alimentación, la menopausia, la salud mental, la salud sexual, el deporte, etc.

Hay una colusión de intereses entre la sociedad, el sistema sanitario, la academia y sus profesionales, medios de comunicación y periodistas y los “vendedores” de remedios (todas las industrias sanitarias) que legitima acciones incluso corruptas y dañinas, como “la promoción de enfermedades” y la invención de las mismas (como sostenían los estudiantes de medicina de Farmacríticxs acerca de la industria farmacéutica: “estamos produciendo medicamentos para enfermedades que inventaremos”).

Así, la combinación de nuevos medicamentos de alto coste, una demanda creciente y un sistema de regulación insuficiente basado en un modelo de patentes abusivo, lleva a un aumento incontrolable del gasto farmacéutico.

2.- De forma

En el campo sanitario, con la excusa de favorecer innovación e investigación se ha implantado un sistema de patentes que permite la manipulación del mercado, incrementa las ganancias y, de hecho, limita la innovación y la investigación. Además, transfiere derechos públicos a entes privados de forma que la investigación mayoritariamente pública termina en manos de empresas con ánimo de lucro. Por consecuencia, respecto a medicamentos, se mantienen precios artificiales aprovechando el monopolio que justifica cada patente.

Las patentes extienden dicho monopolio a veinte años cuando los gastos de investigación se cubren en apenas dos.

Además, en torno a las patentes se crea todo un mundo de «patent thickets», «evergreening» y «product hopping» para mantenerlas artificialmente. Buen ejemplo es Teva, empresa israelí con una larga historia de condenas judiciales y multas incluyendo 462,6 millones de euros de multa de la Unión Europea en 2024 por abuso de posición dominante al ampliar artificialmente la protección de la patente de Copaxone (glatiramero, para la esclerosis en placa) y difundir sistemáticamente información engañosa sobre un producto competidor para obstaculizar su entrada en el mercado.

Todo el personal sanitario relacionado con medicamentos es humano, y por tanto sensible a halagos y prebendas, a la “captura”, desde la Ministra de Sanidad y las correspondientes Consejerías al jefe de servicio en un gran hospital docente pasando por la auxiliar de farmacia de un pueblo.

Aprovechando la mezcla de ignorancia y arrogancia frecuente en el sistema sanitario, en todos los niveles y profesionales, es fácil introducir dicho mecanismo perverso, “la captura” de instituciones y personas, que lleva a normalizar el uso irracional de medicamentos.

La captura va desde la más básica de la determinación de necesidades en investigación, al uso final por el paciente, que exige y percibe la intervención sanitaria como siempre beneficiosa y sin ningún riesgo (“eficaz y segura”), o todo ello se dulcifica. Por ejemplo, en la prensa científica y general se magnifica el efecto de nuevos medicamentos para el Alzehimer (donanemab y lecanemab) al tiempo que se comparan con medicamentos para el cáncer (“también muy costosos, poco eficaces y con importantes efectos adversos, pero que se utilizan”) como si hacerlo mal en un caso lo justificase en otro.

La captura afecta al citado Ministerio de Sanidad (y de Hacienda, y otros) y a toda la cadena que acaba en los mencionados efectos adversos, que en muchos casos no se declaran ni por profesionales ni por pacientes (la captura “ciega” casi físicamente hasta llegar a negar la realidad evidente y dolorosa).

 

E.- Las soluciones

1.- En grande

Como consideró Immanuel Kant, hasta en una aldea de demonios se podría configurar un orden social con leyes vinculantes para todos, siempre que los demonios tuvieran entendimiento (lo que les caracteriza es la falta de valores). Es el “egoismo inteligente” que apoya la existencia de un sistema sanitario público de cobertura universal que mejora la salud de ricos y pobres y actúa como determinante social de la salud, además de favorecer la convivencia y la paz ciudadanas y ser la mejor expresión de la solidaridad humana. Incluso en el caso de que solamente consideremos el interés personal, nos convendría más un sistema sanitario público de cobertura universal que el modelo capitalista de sistema sanitario privado de cobertura según primas.

Lamentablemente, las corporaciones y entes capitalistas que gobiernan el mercado, fondos de inversión y similares, son demonios sin entendimiento, monstruos avariciosos que se alimentan insaciablemente de dinero aunque sea a costa de destruir la sociedad y el mundo que hace vivible la vida. Hablan de “afán de lucro” pero es avaricia, un pozo sin fondo que agota a la persona en un esfuerzo sin fin para satisfacer la necesidad sin alcanzar nunca la satisfacción, que definió Erich Fromm.

Hay, pues, hay que controlar el afán de lucro de las empresas y corporaciones apelando a su responsabilidad social, al presente y al futuro, e imponiendo un sistema fiscal justo. El precio de los medicamentos se debería ajustar por el precio de coste (no por la capacidad de pagar por ellos). Y el acúmulo de riqueza sólo tiene sentido si produce bienestar grupal mediante la redistribución de la misma.

Es imperativa también la reforma del sistema de patentes, que se ha logrado parcialmente en algunos casos sangrantes como, por ejemplo, respecto a los medicamentos para el VIH en Brasil, India y Sudáfrica. En general, lo que ha sido generado con dinero público debería revertir razonablemente en lo público, por lo que se precisa un sistema que regule no sólo el acceso a los medicamentos sino el complejo campo de relación entre investigación privada y pública.

Regulación que debería ir de la mano de la transparencia, elemento fundamental y critico a incrementar emn todos los eslabones del medicamento, desde que nace hasta su dispensación y consumo y muy especialmente en los pasos intermedios relativos a su financiación y precio.

Por otra parte, cuando constatamos que el sistema sanitario, a través del uso incorrecto de medicamentos, es un importante generador de enfermedad, incapacidad y muerte, la prioridad en este campo debería ser promover la prescripción saludable: retirar los medicamentos ineficaces y los innecesarios para el paciente, evitar las dosis elevadas y las duraciones excesivas, ajustar los tratamientos existentes y en general evitar la prescripción “por reflejo”. Es clave, también, desarrollar investigación sobre la efectividad (en el terreno) de los medicamentos de reciente introducción.

En la generación de conocimiento y su difusión conviene “volver a juntar lo político y lo científico en una misma conversación pública” que reclama Bruno Latour. Esto exige instituciones científicas que rindan cuentas, que se abran a la crítica plural y que sean capaces de mantener su independencia tanto frente al mercado como a la manipulación ideológica populista.

Es el enfoque Bio-Tecno-Sanitario Constructivo-Complejo que replantea el desarrollo biomédico como un proceso socialmente negociado. Este modelo promueve la deliberación democrática de los intereses en conflicto, evitando que la innovación esté impulsada únicamente por visiones tecnocráticas o corporativas. Se aboga por incorporar múltiples perspectivas —ciudadanía, pacientes, profesionales, empresas, gestores, políticos— a través de espacios deliberativos reales.

Las experiencias de diálogo generativo, o de magma creativo, se producen porque muchos individuos libres ponen el foco colegiadamente en un tema común y no en sí mismos. Ello genera consensos durareros.

2.- En lo pequeño

El Servicio Nacional de Salud debería proveerse de un mecanismo de compra centralizada de medicamentos de gran uso, y envasado en “blanco” para la distribución directa a los pacientes. Tuvo especial relevancia la financiación selectiva de medicamentos tras conocer los mejores precios posibles (mal denominadas subastas andaluzas).

Se precisa una industria pública de medicamentos genéricos (sin marca comercial), que evite tanto el desabastecimiento habitual de “medicamentos de bajo interés comercial” como la manipulación del mercado incluso por las propias empresas de medicamentos de genéricos (en España cuestan, en promedio, el doble que en Suecia). De hecho, en la actualidad los genéricos son tan caros y los precios tan alejados de lo que cuestan, que poco tienen que envidiar, en cuanto a rentabilidad, a los de marca, teniendo en cuenta que aquellos no han gastado dinero en investigación. Por ejemplo, la memantina, 20 mg envase de 56 comprimidos, se vende a unos 144 euros en España, cuando en el Reino Unido se vende a unos 42.

La investigación de campo y la formación sanitaria (en medicina, enfermería, farmacia, nutrición, psicología, etc) deben ser independientes de las industrias hasta lograr el cambio exigido por la deontología y la profesionalidad de rechazar toda injerencia en las mismas.

Así, por ejemplo, los ensayos clínicos tienen que pasar de “elegancia interna e irrelevancia externa”, como bien los criticó Bárbara Starfield, a justo lo contrario.

En otro ejemplo, la pregunta pertinente no es “¿Por qué no recibes a los representantes”? sino viceversa.

Más: las frecuentes “unidades” (dolor, menopausia, cefalea, insuficiencia cardíaca, osteoporosis, etc) habría que analizarlas una a una, y en su mayoría cerrarlas pues son en realidad despachos de empleados de las industrias farmacéuticas que introducen medicamentos no justificados “en cascada” hasta la atención primaria.

Por supuesto, las industrias pueden participar en dicha investigación y formación, pero por mecanismo interpuesto que evite el contacto directo y los “conflictos de interés”. Los responsables de administraciones públicas deberían releer y aplicar los artículos 77 y 83 del Texto Refundido de la Ley de Garantías y Uso Racional del Medicamento, para potenciar las estructuras públicas que deben garantizar esa formación postgrado sobre medicamentos y productos sanitarios a los profesionales sanitarios. ¡Ay, la disposición adicional sexta! ¿Hasta cuándo se va a mantener la formación continuada con fondos de aportaciones por volúmenes de venta?

Hay estructuras permanentes y órganos de participación en los servicios de salud en las Comunidades Autónomas en las que participan profesionales de diferentes ámbitos y que son fundamentales para mantener y difundir el conocimiento científico crítico del Servicio Nacional de Salud (SNS) y que lo pueden hacer en “servicio de proximidad”. Es necesario potenciar la intervención en docencia e información independiente, de forma cercana y a pie de los servicios y de los centros de salud, con los profesionales que ya tenemos, para reforzarlos con recursos del presupuesto de salud y sobre todo con una gestión y dirección con objetivos y estrategias claras, que tenga también en cuenta la difusión de conocimientos y cultura a la población

Hay que idear e implantar sistemas de evaluación, “carrera” profesional y oposición-concurso en los que el peso de las actividades patrocinadas por las industrias (publicaciones, conferencias, ponencias en congresos, ensayos clínicos, etc) no cuente, y en todo caso no sea determinante, en que lo clave sea el buen trabajo clínico y la investigación independientes. Es decir, que ser jefe de servicio no implique el convertirse en empleado de las industrias.

Conviene “ocupar los espacios” en el sentido de participación democrática. Por ejemplo, concurriendo y participando a las elecciones en instituciones tipo Colegios de Médicos, sociedades y academias científicas, etc de forma que se evite la situación actual en que dichas instituciones llegan a legitimar lo comercial.

En todo caso, convendría la transparencia absoluta y, por aquello de que lo pequeño es hermoso, por ejemplo poner un cartel en el despacho cerrado que diga algo del estilo de: «El Dr. VVVV está ausente los días del SSSS al RRRR por asistir al Congreso de XXXX, en la ciudad de CCCC. La inscripción, NNNN euros, el viaje HHHH euros, el alojamiento y manutención WWW euros y una bolsa de HHHH euros, los cubre la industria ZZZZ, con interés en la enfermedad JJJJ. El tiempo de ausencia lo paga el sistema sanitario público (usted con sus impuestos y peor atención, y sus compañeros que le suplen)».

Se trata de lograr el cambio profesional que vea como corrupción la reprobable seducción de la asistencia a congresos, la participación en la elaboración de “guías de práctica clínica” y “consensos” patrocinados, el trabajo en “cátedras de patrocinio” y otras actividades básicamente de propaganda de las industrias.

Convendría la difusión del ejemplo de actos y organizaciones que ofrecen espacios de debate y logran brindar excelente formación independiente de las industrias, como La Capçalera, la Asociación Española de Neuropsiquiatría, Osatzen (sociedad vasca de medicina de familia), NoGracias, NUPENS (grupo de investigación sobre nutrición en Sao Paulo), la experiencia de la reforma de la atención primaria en Río de Janeiro (en que coincidió voluntad política con presupuestos adecuados y técnicos competentes), Equipo CESCA, Asociación por el Acceso Justo al Medicamento, SIAP, El Parto es Nuestro, etc. También de otros campos, como 4º Mundo (y su trabajo sobre “dimensiones ocultas de la pobreza”) y la lucha por la vivienda que une a sectores ideológicos de derechas e izquierdas, y el ejemplo concreto de la Plataforma de Afectadas por la Hipoteca (PAH).

También son importantes los cambios personales (“lo personal es político”) y locales que lleven a un mejor profesionalismo (el paso de la frecuente hubris a la necesaria frónesis en todos nosotros; el paso de la arrogancia y la ignorancia a la humildad, la sabiduría y la ternura).

Los pequeños cambios pueden lograr grandes impactos, ser revolucionarios en sentido literal (el hacer simplemente lo que hay que hacer, el heroismo de cada día de Albert Camus).

Así, por ejemplo, conviene saber llevar el conocimiento a todo tipo de públicos, por ejemplo con actividades lúdicas que faciliten la toma de decisiones en lo concreto (con fundamento científico).

También, el evitar “el aprendizaje supersticioso” que crea una confianza excesiva basada en creencias, no en ciencia[5].

Así mismo, el aprendizaje que surge de vernos en el espejo deformado de los “medical reversals” (reversiones bruscas de lo previamente aceptado como “la biblia”, como el daño del acetilsalicílico en cardiovascular, la inutilidad de los antidepresivos en casos leves, la falta de fundamento del uso sistemático de guantes en las UCI, el daño de los betabloqueantes en infartos no complicados, especialmente en mujeres, etc).

En otros ejemplos, 1/ la formación de estudiantes en la Universidad Pompeu Fabra (Barcelona) y otras, 2/ el escuchar y dar crédito al relato de los pacientes, 3/ “pensar” en reacciones adversas en lo clínico, 4/ el explicar con arte y ciencia las recomendaciones terapéuticas para facilitar el consentimiento informado, 5/ realizar actividades docentes en centros de salud y hospitales sobre casos clínicos, 6/ contar con la “inteligencia local” (expertos y profesionales) para organizar actividades docentes austeras, 7/ estudiar las causas y condiciones de muerte de los propios pacientes, 8/ seguir las novedades científicas con revistas como la francesa Prescrire y en general boletines farmacoterapéuticos (INFAC, BIT, etc), 8/ incorporar al “currículo oculto” el “currículo que se exhibe” de independencia de las industrias, 9/ evitar la secuencia que nos transforma de víctimas en verdugos y vigilantes en torno a nuestra propia salud (y la ajena), 10/ elaborar listas de “no hacer” indicando “qué hacer”, 11/ enseñar a superar las tentaciones de las industrias, sus obras, sus pompas, y sus seducciones, 12/ contar con “aliados” entre colegas de propia y distinta profesión, 13/ crear conocimiento con los pacientes, etc.

 

Conclusión

No podemos pedir a los lobos que sean vegetarianos, pero podemos crear un ecosistema que facilite la co-existencia con lobos al conjunto de los seres vivos.

De la misma forma, no podemos evitar el afán de lucro (la codicia) del ser humano, pero podemos crear un “ambiente” que favorezca el disfrute de la vida y la expectativa de que formamos parte de una sociedad en que vale la pena vivir.

En ese sentido, las industrias sanitarias son necesarias, pero en un ecosistema social en que no nos juguemos ni la bolsa ni la vida. Se trata de que el sistema sanitario sirva a pacientes y poblaciones, y en dicho objetivo nos va la propia existencia, el ser o no ser.

 

[1]    Resumen del #siapIndustria25 (Seminario de Innovación en Atención Primaria sobre «Industrias sanitarias, profesionales y pacientes. Cómo evitar una relación con frecuencia tóxica (corrupta)»)  , celebrado en forma virtual, por correo electrónico desde el 1 de septiembre de 2025, y en forma presencial los días 26 y 27 del mismo mes. Con 215 inscritos en virtual y 84 participantes en presencial, sobre 18 ponencias, hubo 274 intervenciones en el debate virtual y 95 en el presencial. La convocatoria, con el progama y más en https://seminariossiap.es/bsms/siapindustria25/ y un resumen en https://seminariossiap.es/bsms/blog/seminario-sobre-industrias-sanitarias-profesionales-y-pacientes-como-evitar-una-relacion-con-frecuencia-toxica-corrupta/  La sesión del viernes 26 puede verse en https://www.youtube.com/watch?v=UCuo3PwJYE4 y la sesión del sábado 27 en https://www.youtube.com/watch?v=YBYodNTev7A  Cada cual (ponentes, asistentes y organizadores) cubrió sus propios gastos de viaje, alojamiento y manutención por lo que fue cero euros el coste del Seminario (la Organización Médica Colegial cedió sus instalaciones en Madrid para la reunión presencial).

[2]    Las cuestiones tratadas se refieren a todas las industrias en su relación con el sistema sanitario (farmacéuticas, tecnológicas, de información, alimentarias, de dispositivos, de gestión, etc), pero nos centramos en las industrias farmacéuticas. “Todas” las industrias es término amplísimo; por ejemplo, en un curso en un hospital público español sobre muerte fetal hubo patrocinio de industria funeraria.

[3]    “Inhibidores de la recaptación de la serotonina”, ISRS, medicamentos cuyo pomposo nombre no se corresponde con ningún mecanismo que tenga fundamento científico y que, además, carecen de impacto clínico en general. A tener en cuenta que las alternativas no farmacológicas, las intervenciones “psi” (psicoterapia y demás), también tienen efectos secundarios.

[4]    Hay que tener en cuenta que, quizá, la “perfección” en la prescripción farmacéutica sea “mala para la salud”, en el sentido de que la clínica diaria incluye situaciones que se resuelven con medicamentos incluso a sabiendas del error (“lo perfecto es enemigo de lo bueno”, que se dice). Por ejemplo, en un caso concreto de médico seguidor y promotor del mejor uso de medicamentos se demostró que el 20% del total de su prescripción era “uso irracional” en el sentido científico, pero correcto en el conjunto de la atención personalizada a cada caso. La cuestión no es emplear indebidamente una estatina para mantener la relación con un paciente concreto en un momento determinado, sino creer que las estatinas son necesarias para los pacientes en general, para “el problema del colesterol”.

[5]    Es ciencia el conjunto de conocimientos organizados, jerarquizados y comprobables que el ser humano ha obtenido a partir de la observación de los fenómenos naturales y sociales de la realidad y de su verificación a través de métodos experimentales y otras formas de demostración empírica. La clave no es la cantidad de estudios y datos que apoyen una idea o teoría que explica un hecho; lo clave es si existe alguna forma de ponerla a prueba y arriesgarse a que resulte equivocada. La ciencia no es un conjunto de verdades absolutas, sino un proceso de eliminación de errores. La ciencia es un modelo de formación de conocimientos basado en la racionalidad humana, el empirismo y el pensamiento crítico, cuyos saberes acumulados sirven de base a las investigaciones futuras. De este modo, la ciencia se alimenta a sí misma, pero también se cuestiona y se corrige con el paso del tiempo y es parte de su “momento” (condiciones socioculturales). Por ello no hay nada más acientífico que pedirnos “creer en la ciencia”, cuando la ciencia no desea ser creída sino criticada con una duda metódica constante.