Esther Vivas «El negocio de la comida», ¿quién controla nuestra alimentación?. ICARIA: Hay suficiente literatura científica que demuestra que muchos alimentos comercializados son perjudiciales para la salud y están detrás de las dos grandes epidemias del siglo XXI: la diabetes mellitus y la obesidad.
La causa fundamental es la transición nutricional, el desplazamiento hacia comidas con mayor contenido calórico, carbohidratos refinados, ricas en carne y grasas saturadas. La dieta mediterránea se ha visto sustituida poco a poco por un modelo de alimentación fast food, con azúcares añadidos, grasas saturadas y alimentos procesados que tienen un impacto en nuestra salud. Además esto se ha agudizado con la crisis económica, en la que la pérdida de poder adquisitivo de muchas familias ha llevado a gastar más en comida, pero a comer menos y de peor calidad. Varios estudios evidencian cómo alimentos congelados, bollería, etc, han aumentado su consumo en los últimos años de crisis.
La transición nutricional se promueve, con el asentimiento de los gobiernos, a través de la gigantesca industria alimentaria – que mueve más del 15% de todo el comercio mundial – mediante restaurantes de comida rápida, máquinas de bebidas gaseadas, supermercados y un poderoso marketing. La administración actúa al servicio de los intereses del agro-negocio y de los supermercados, con una dinámica de puertas giratorias similar a la que se da en otros ámbitos como el energético. Sin ir más lejos, la actual directora de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria, la señora Ángela López de Sá y Fernández, estuvo durante diez años en la directiva de Coca Cola. Hay un claro conflicto de intereses pues, entre quien está al frente de una agencia que tiene que cuidar de nuestra seguridad alimentaria y que viene de una empresa privada que utiliza algunos aditivos alimentarios en sus productos que dejan mucho que desear.
El problema es que los gobiernos apoyan a la gran industria alimentaria. Ni los gobiernos ni Bruselas han sido capaces de legislar contra las “bombas calóricas” o los alimentos con niveles de grasas trans por encima de las recomendaciones de la OMS y de las evidencias científicas.
La consecuencia es que vivimos en un medio “obesogénico” con sobreconsumo de grandes raciones de comida y de comida rápida, mientras que las comidas saludables son menos accesibles, más laboriosas y con menos margen de ganancia.Entrevista en Público