José María Abellán, es profesor de economía en la Universidad de Murcia y lidera un grupo de investigación en economía de la salud que acaba de publicar un estudio «Financiación y Eficiencia del Sistema Sanitario Público de la Región de Murcia» que me parece excepcional por su rigor, amplitud y ambición de planteamientos. Recomendable también como análisis de lo acontecido a nivel nacional con estupendas tablas comparativas, actualizadas y claras. Además, el documento no es un análisis académico, frío y poco comprometido, sino que pondera desde la evidencia y los valores las alternativas que se están proponiendo para garantizar la sostenibilidad de sistema. En fin, muy recomendable.
Pues bien, José María me acaba de hacer llegar dos artículo del New York Times que me parecen impagables como un ejemplo de lo que los profesionales pueden hacer por salvar el sistema público de salud
El primero de ellos, está firmado por médicos de uno de los hospitales oncológicos más reputados del mundo, el Memorial Sloan-Kettering Cancer Center.
«Peter B. Bach is the director of the Center for Health Policy and Outcomes, Leonard B. Saltz is chief of the gastrointestinal oncology service and chairman of the pharmacy and therapeutics committee, and Robert E. Wittes is the physician in chief«
En el artículo, estos profesionales explican por qué el hospital ha renunciado a introducir en su cartera de antineoplásicos el Zaltrap, un medicamento indicado para el cáncer colorectal avanzado que ha sido aprobado por la FDA este verano y que es efectivo (prolonga la vida una media de 1,4 meses en comparación con la quimioterapia estándar) y seguro.
¿Y por qué el centro oncológico más reputado del mundo decide renunciar a un nuevo medicamento y hacerlo público en la prensa? Bueno, eso es lo interesante. Este medicamento cuesta el doble que su ya caro competidor, el Avastin. El primero, 11.063 dólares al mes, unos 8700 euros, un millón y medio de las antiguas pesetas. El segundo, Avastin, unos 5000 dólares/mes.
Los médicos firmantes se quejan del desorbitado precio que las multinacionales imponen a las nuevas moléculas y como en un década el tratamiento medio antineoplásico ha pasado de costar 4500 dólares/mes a unos 10.000. Apuntan que dos de los medicamentos más usados en la actualidad cuestan 35.000 dólares al mes.
Explicada Joan Ramón Laporte en Murcia que nadie sabe cómo pone los precios la industria. Los costes repercutidos son básicamente, y en este orden, de promoción e investigación (la producción es muy barata) y éstos últimos, según reputados expertos como Marcia Angell, están claramente «inflados»
En la actualidad el gasto hospitalario crece debido sobre todo al precio de los nuevos medicamentos antineoplásicos (ya hablamos de esto antes), con beneficio, muchas veces, marginal para los pacientes y a un precio desorbitado y, sobre todo, arbitrario (un precio que, desde mi punto de vista, es un chantaje siniestro de las multinacionales a un sistema público que ha sido parte necesaria en el desarrollo del medicamento y al que reta como diciendo «¿A que no hay arrestos para no financiar un medicamentos para los pobres pacientes con cáncer?)
Bueno pues en el Sloan hay arrestos y además lo hacen público y lo explican. En el artículo, que no tiene desperdicio, se quejan de la falta de responsabilidad del regulador, del abuso del proveedor y de la necesidad de que, ante este vacío, sean los profesionales quienes protejan los intereses de los pacientes que, recordemos, en USA suelen financiar sus tratamientos (el 2% de los pacientes diagnosticados de cáncer acaban arruinados, el 10% declara pagar de su bolsillo más de 18.000 dólares y la mayoría de los mayores que atiende el Medicare copagan el 20% de los medicamentos, lo que supone una escalofriante media de 2200 dólares al mes)
Lo más interesante del caso es que esta semana el mismo periódico se hace eco de una noticia relacionada con este artículo de opinión.
¡Sanofi ha reducido a la mitad el precio del Zaltrap!
¿Qué pasaría si los oncólogos decidieran rebelarse contra el chantaje, tolerado por el Gobierno, en nuestro caso a costa de las arcas públicas, en los precios de los antineoplásicos?
¿Sería posible una moratoria profesional a la utilización de ciertos antineoplásicos? ¿Sería posible que una sociedad científica liderara este «plante»?
Abel Novoa
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