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Entrada publicada en Kevin MD por un estudiante de medicina y un internista canadienses

«La pobreza es un importante problema de salud pública que afecta a un 10-15 % de los individuos que viven en Canadá y Estados Unidos. Se han objetivado relaciones entre pobreza y factores que repercuten directamente en la salud como el nivel de ingresos, la vivienda, la seguridad alimentaria o el desarrollo de la primera infancia. Se han hecho llamamientos para la acción del gobierno y la provisión de recursos a los profesionales de la salud. Sin embargo, la educación de los alumnos de medicina acerca de cómo enfrentarse a la pobreza está ausente.

El bajo nivel socioeconómico es un factor de riesgo para una multitud de condiciones médicas, incluyendo enfermedades cardiovasculares, enfermedades respiratorias, cáncer y enfermedades mentales. En la formación médica, los estudiantes son educados sobre cómo el nivel socioeconómico y la pobreza son predictores significativos de la salud, pero no parece que los estudiantes reciban una formación adecuada para satisfacer las necesidades de salud específicas de las personas que viven en la pobreza. La ausencia casi total de educación en el cribado de pobreza y las intervenciones posibles para hacer frente a sus consecuencias es desconcertante, cuando se contrasta con las incontables horas de entrenamiento médico dedicado a la gestión de otros factores de riesgo comunes de las enfermedades tales como la hipertensión. Lo que sabemos de la literatura sobre el tema es decepcionante: los estudiantes de medicina tienen actitudes menos favorables hacia las personas que son pobres y están menos dispuestos a brindar atención a la población vulnerable en su cuarto año de medicina. Claramente, hay mucho margen de mejora en la educación de los alumnos para hacer frente a la pobreza.

La formación sobre el cribado e intervenciones frente a la pobreza deben ser incluidos en el plan de estudios de medicina. Los estudiantes deben conocer recursos clínicos destinados a combatir la pobreza y el recientemente desarrollado test de cribado, la prueba de detección de una sola pregunta: «¿Alguna vez tiene dificultades para llegar a fin de mes?», que ha demostrado ser fiable en la identificación de pacientes que viven por debajo del umbral de pobreza. Preguntas acerca de la vivienda, el barrio, la seguridad alimentaria, el empleo, los ingresos económicos y la cobertura de seguro de salud, se podrían integrar en el examen clínico tradicional, proporcionando una información crucial para la atención al paciente. A los alumnos también se les debe enseñar cómo incorporar los factores socioeconómicos en las decisiones clínicas sobre las opciones de diagnóstico y tratamiento, sobre todo cuando tienen cobertura de seguro de salud subóptima.

La formación médica es un momento oportuno para influir positivamente en las actitudes de los alumnos hacia los pacientes vulnerables. Los estudiantes deben ser animados a reflexionar sobre los posibles sesgos en el cuidado de los pacientes que son pobres. Hacer suposiciones injustificadas o tratar a las personas sobre la base de estereotipos podría conducir a errores cognitivos en la toma de decisiones médicas y tener consecuencias devastadoras. Fomentar la empatía por los pacientes y las familias que viven en la pobreza debe ser un tema transversal del plan de estudios.

Hay que educar a los estudiantes sobre intervenciones tanto individuales como comunitarias para hacer frente a la pobreza. Los alumnos podrían ser educados sobre ayudas para mejorar las viviendas, la asistencia social o los programas del gobierno. Educar a alumnos sobre cómo relacionarse y remitir a los pacientes a otros profesionales como, por ejemplo, los trabajadores sociales y las organizaciones comunitarias, sería un paso importante para garantizar que los pacientes acceden a los recursos existentes. La discusión también podría girar en torno a las barreras que tienen las poblaciones vulnerables para acceder a la asistencia sanitaria, sus implicaciones de salud pública y el importante ahorro para el sistema sanitario que supondría hacer frente a la pobreza.

Las facultades de medicina también podrían ofrecer cursos clínicos y oportunidades de aprendizaje práctico centrados en el cuidado de las poblaciones vulnerables. Algunos ejemplos son la Escuela de Medicina de Dalhousie, de la Universidad de Toronto y la SWITCH clinic, dirigida a los estudiantes en Saskatchewan, Canadá.

Otra vía prometedora para el cambio, es el entrenamiento en estrategias de defensa social de los estudiantes de medicina y residentes. La defensa social de la salud es una responsabilidad profesional, pero el entrenamiento es sin duda mínimo durante toda la educación médica. La enseñanza a los aprendices sobre cómo abogar por las personas que son pobres podría incluir didáctica y sesiones de habilidades basadas en la comunicación con los funcionarios del gobierno así como la efectiva participación en los medios de comunicación. La educación en torno a cómo desarrollar alianzas con instituciones y organizaciones de la comunidad y cómo promover políticas que aborden las necesidades de las personas que viven en la pobreza, en última instancia, contribuirá a una mejor salud para nuestra sociedad en su conjunto.

Con la reciente atención a la pobreza en el campo de la salud, no hay mejor momento para incorporar la mitigación de la pobreza en el plan de estudios médicos. En medio de una población que envejece rápidamente y la escalada de los costes sanitarios, la formación de la próxima generación de médicos sobre cómo enfrentarse a la pobreza desde una consulta, es una prioridad urgente para garantizar el bienestar tanto individual como comunitario.»

Matthew J. To es estudiante d emedicina.  Colin Van Zoost es méwdico internista y profesor asociado en la Dalhousie University, Halifax, Nova Scotia, Canada