1-     La justificación éticopolítica de la necesidad de una provisión de asistencia sanitaria financiada públicamente que más me llega es la liberal. John Rawls demostró que la defensa de la libertad individual en una sociedad que quiere ser justa conduce a la necesidad de que esa sociedad se provea de mecanismos que compensen las desigualdades debidas a lo que llamó “lotería de la vida” (enfermedades, accidentes, haber nacido en una familia pobre, tener un padre alcohólico…), es decir, desigualdades injustas. Estas desigualdades injustas, no debidas a méritos o deméritos estrictamente individuales, han de compensarse mediante mecanismos como la sanidad o la educación públicas de manera que todos los individuos tengan lo más parecido a unas condiciones de igualdad desde las cuales poder desarrollar su proyecto de vida. Es decir, han de ser discriminados positivamente por el resto de la sociedad que ha de financiar estos servicios, los utilice o no. Eso es lo que desearía cualquier persona que tuviera que diseñar una sociedad sin saber qué le iba a tocar a él (Rawls lo llamó, “velo de la ignorancia”)

2-     La corriente neo-liberal defiende que el individuo es responsable de su salud (ignorando los condicionantes socioeconómicos, la mala suerte o los factores congénitos) y que, por tanto, no es legítimo que el resto de la sociedad financie sus avatares. Por supuesto, también creen que los impuestos son una apropiación indebida por parte del Estado de una propiedad  privada. Defienden el “minimal state” como el más lógico y respetuoso con ese bien que consideran absoluto que es la libertad individual de la que la propiedad privada es un correlato. El libre mercado es su religión ya que representa el mecanismo perfecto para que los talentos individuales establezcan las diferencias de mérito. Por supuesto, la intervención del Estado, en la regulación del mercado o en la recaudación de impuestos es ilegítima e, incluso, inmoral. Los neo-liberales creen que el dios libremercado será capaz, como si de una mano invisible se tratase, de repartir los bienes de manera equitativa. Sin embargo, las evidencias nos dicen que la defensa a ultranza de la libertad individual es incapaz de dar respuesta a las injusticias, conduce a sociedades cada vez más inequitativas, más empobrecidas, más violentas, más enfermas.. conduce a la selva en que se ha convertido, por ejemplo, la sociedad USA (recomiendo ver la serie The wire para que a uno le entren escalofríos).

3-     El famoso Estado del Bienestar de Keynes, en realidad, responde a una teoría puramente económica (no tiene bases conceptúales éticas) que dice: asegura la contingencias de los ciudadanos para que no tengan que guardarse el dinero para las posibles enfermedades o para la educación de los hijos y así consuman lo más posible; asegura la falta de empleo mediante subsidios o empleo público para que los ciudadanos tengan dinero y así consuman lo más posible. El Estado de Bienestar se diseña, en primera instancia, para que la máquina del consumo esté siempre bien alimentada.

4-     Desde la postguerra, en Europa por la tradición socialdemócrata cercana a Rawls, y en USA por la teoría económica keynesiana, con matices, las democracias occidentales cuentan con sistemas públicos de salud y de educación. Los neo-liberales siempre han visto todo ésto como “una perversión socialista” que había que tolerar debido al enorme bienestar generado en las sociedades y el gran consenso social existente. En estos años, sin embargo, los neo-liberales han conseguido frenar reformas sanitarias que iban por este camino en los países emergentes de Asia o América Latina, a la vez que mantenían su feudo norteamericano. Con Europa no podían; ni los partidos más de derechas se han atrevido a poner en tela de juicio la existencia de una sanidad o una educación públicas que, insisto, se justifican perfectamente desde la defensa de la libertad, pero para todos, no solo para los afortunados.  

5-     Sin embargo, algo sí podían hacer mientras tanto: permear estos dos sistemas a la influencia del libre mercado y las concepciones neoliberales que absolutizan la autonomía y, por ende, el mercado. Algunos ejemplos del sector de la sanidad: (1) todo medicamento generado por la industria debe ser financiado públicamente; si se vende es que es mejor que los otros; en ningún caso se puede discriminar desde el Estado, no financiándolo, un producto fruto de la laboriosidad y el talento privado. (2) la salud es un mercado; hay que convencer a los consumidores para que, libremente aunque bien asesorados,  consuman los productos que existen alrededor de ese mercado: productos farmacéuticos, tecnología, consultas profesionales, etc…(3) vendamos bien ese mercado explorando nuevos nichos para el incremento del consumo mediante la invención/exageración de enfermedades, los excesos en la prevención, campañas de sensibilización, etc.. (4) convirtamos al profesional sanitario en el sumo sacerdote; que saque el máximo provecho a  su conocimiento libre y esforzadamente adquirido; que funcione como un eficaz “engrasador” de todo el mecanismo a la vez que, por supuesto, cuenta con sus justos retornos (5) convenzamos al consumidor de que tiene derecho a todo eso, de que si no lo hace morirá o sufrirá o será infeliz, de que su salud es proporcional al número de medicinas, pruebas o médicos que le atiendan; convenzámoslo de que solo tiene que dejarse llevar y que las maravillas de la ciencia médica harán el resto.

6-     Esta infiltración ideológica y moral de los sistemas públicos de atención sanitaria ha contado con el eficaz apoyo de la ciencia biomédica. Ese totem intocable, representante del progreso y ejemplo de la capacidad de innovación y, por ello, producto paradigmático de la libertad del ser humano, ha sido santificado, como el libre mercado, por los neo-liberales. Por supuesto, gracias a la ciencia biomédica hemos obtenido enormes beneficios para la humanidad. El problema es que esa ciencia, en estos días y ya desde hace años,  pretende principalmente legitimar las estrategias comerciales y mercantiles del pagador: la industria farmacéutica y de tecnologías sanitarias, que no suelen coincidir con los intereses de las sociedades o de los pacientes.

7-     Por tanto, en España como en el resto del mundo, los sistemas públicos de salud han sido infiltrados y parasitados por los intereses mercantiles y comerciales de la industria, las aseguradoras privadas y el estamento profesional en nombre de la libertad neo-liberal (incluyo en este estamento profesional a los sindicatos que también se han llevado lo suyo en nombre de otra pseudoideología, la retroprogre), con lo que lenta pero inexorablemente, sus fines primordiales han pasado de aquéllos liberales rawlsianos que enumerábamos más arriba, la pervivencia de una sociedad capaz de garantizar cierto grado de libertad para todos sus miembros mediante la discriminación positiva de los que han tenido mala suerte, a éstos neoliberales, la pervivencia de una sociedad individualista en la que unas élites económicas y sociales consiguen beneficiarse de un sistema de salud público que, ya que existe, nos permita sustraer de él todo el beneficio posible (que antes ilegítimamente nos habían birlado mediante esos injustos impuestos).

8-     Cuando la parasitación está comenzando a debilitar al huesped hasta el punto de poner en riesgo su supervivencia, el parásito intenta que las escasas energías que restan se redirijan al mantenimiento de sus intereses particulares recortando las funcionalidades dirigidas a lo que era el fin primordial del organismo: la defensa de la libertad mediante la equidad. Los recortes indiscriminados buscan dar un poco más de oxígeno al monstruo, herido ya de muerte, mientras el parásito muta y adquiere la capacidad de vivir por sí solo. En el intervalo agónico no se va a cambiar nada que tenga que ver con esa mercantilización de la asistencia sanitaria que es la auténtica causante del mal. Es decir, los recortes pretenden mantener el sistema vivo pero sin curar la enfermedad que lo debilita. Los neoliberales quieren cambiarlo todo para que nada cambie (Gatopardo dixit). Quieren recortar sin evaluar. Los liberales que abogamos por la pervivencia del sistema público de salud queremos cambiarlo todo para que todo cambie. Queremos evaluar para reformar. Para que dejemos de alimentar a la bestia, al alíen que sobrevive en nuestra tripas.

9-     Sé que no queda claro pero es algo así.

10- Yo… tranquilo me he quedado    

Abel Novoa