VIH-SIDA: ¿un pasado abierto al COVID-19? Por Marc Casañas.

Buenas.

Voy a intentar extender mi idea fija. Mi comparación con la vacuna del papiloma era para hacer la inversión de la huída hacia el futuro (“nueva normalidad”). Quería evitar no andar por sitios donde habían lecciones de advertencia sobre si se iba por allí. Pero he ido un poco más atrás (de la mano de Élisabeth Lebovici por la editorial et al.)

Y ahora dudo… no ya que quizás estemos andando mal o hacia una dirección que no me convence, sino que quizás realmente no hayamos andado nada desde el año pasado. Claramente hace falta definir “andar” pero lo intentaré comparando el escenario actual con el que emergió con el VIH-SIDA.

 

VIH-SIDA COVID-19
Posibilidad de asociación y protesta en las calles (ACT-UP) https://en.wikipedia.org/wiki/ACT_UP Junteidad más pasiva (distintas personas afectadas del COVID persistente) y académica [1] por la persistente posibilidad de contagio
Tensión estigmatizadora (múltiples ejes: sexual y homofóbico por ejemplo cuando se empezó a identificar como un “cáncer gay” y muchos grupos se sumaban a la crítica como la iglesia católica) – politizadora (no nos mata solo el virus, lo hace el silencio y la nula aplicación de medidas de salud pública que no pueden ni importar un mínimo de educación sexual en los colegios) No reina tanto el estigma por la praxis (aunque al principio hubo ciertos tintes racistas que causaron la respuesta “I’m not a virus” https://www.elconfidencial.com/tecnologia/2020-02-03/denuncia-redes-coronavirus-china-racismo_2438820/) pero eso ha causado que se diga que el COVID-19 “no entiende de clases” lo cual es falso pre, peri y post-contagio. Las posibles protestas locales solo son toleradas si se pide más medicina o más vacunas o más investigación. Hay mucho más foco en las personas súpercontagiadoras siendo las mismas personas que pasan consulta las que preguntaron si éticamente debían atenderlas ante cierto evento https://www.elmundo.es/cataluna/2021/01/03/5ff0f9a9fc6c8393578b4693.html
Posibilidad de personificación de las cifras (muertes) con entierros públicos a modo performativo (Cleews Vellay cuando murió a los 30 años y la protesta que siguió el 26 de octubre de 1994 a París) En algunos casos imposibilidad del duelo (o de conocer cómo sucedió el evento de su padre / madre, abuelo / a… en la residencia). Ruptura de la experiencia de la pérdida [2]
Toda crítica primero es negacionista (de algo) y luego ya veremos. La duda es peligrosa y nos separa
Se necesita(ba) a las farmacéuticas para que sacaran algo que frenara la oleada de muertes pero su inacción era criticada siendo desde un atropello a su responsabilidad moral hasta tirarles bolsas de (falsa) sangre entre muchas otras acciones (*)

 

Se tratan publicaciones en la prensa como si fuesen dosieres con todos los datos duros disponibles. Se justifica su negativa a aceptar denuncias por efectos adversos por su reducido tiempo de ensayo de la vacuna pero a la vez te dicen que la aprobación en turbo no ha causado reducciones en su seguridad
Toda protesta artística (exposiciones cuadros, esculturas, teatro…) intentaba hacer una pedagogía participativa (no eres un sidoso / una sidosa, eres una persona con esta enfermedad y eso no te invalida. Acompáñanos para ir lentos pero lejos). Podía atraer por estetización del movimiento (gente joven que no se degradaba de forma instantánea) o por su afectación de gente famosa si lo hacían público (Freddie Mercury) https://www.elconfidencial.com/cultura/2018-01-18/sida-act-up-entrevista-nahel-perez-120-pulsaciones_1507006/
A partir de cierta generación, toda historia, biografía… personal va de menos a más (o como mínimo estabilización) https://www.tele13radio.cl/podcast/nativos/juan-luis-salinas-y-su-libro-el-peso-de-la-sangre-viaje-personal-al-sida
Excesivo ofrecimiento literario (normalmente de personas no-infectadas o que no han sufrido mucho en el proceso) de lo paternalista y coercitivo que es “x” Estado (el suyo o el europeo / americano o la O.M.S…). No hay tanta performatividad improvisada y hay un riesgo inherente en su asistencia aunque se tomen precauciones (cine por ejemplo). Sí se puede morir al poco de haberse contagiado o quedar afectada de por vida (silenciamiento de muchas voces por sentimientos de culpa, vergüenza, miedo, incertidumbre si escriben sobre ello, si gustará o no…). En edades avanzadas hay una combinación compleja con la gerontofobia [3] y el cálculo de calidad de vida en sanidad condicional a la experanza de vida funcional residual

(*) https://www.democracynow.org/es/2020/5/28/titulares/trailblazing_aids_activist_larry_kramer_dies_at_84

 

Una lista falsamente separada, imperfecta e incompleta pero para empezar a pensar algo. Si se piensa en el VIH-SIDA, muchas personas les viene a la mente una persona: Michel Foucault https://en.wikipedia.org/wiki/Michel_Foucault#Death (“[…] Foucault’s partner Daniel Defert founded the first national HIV/AIDS organisation in France, AIDES; a play on the French language word for «help» (aide) and the English language acronym for the disease”) aunque él nunca pronunció esas palabras (“yo tengo sida”), quizás incluso más esperadas que las que se quisieron encontrar en los cuadernos negros de Heidegger al publicarse en Alemania. Porque el silencio también mata
https://en.wikipedia.org/wiki/Silence_%3D_Death

 

 

Si se piensa en alguien como figura del COVID-19, como mínimo a mí no me viene nadie (y he tenido amigos / as que lo han pasado. Pero no me vienen sus caras. No tengo ningún puntero anclado a la enfermedad. ¿Puede ser que el Big Data nos esté matando la creatividad y nos ofrezca simplemente un conglomerado de datos queriendo construir patrones humanos virtuales? https://blogthinkbig.com/el-proximo-reto-del-big-data-crear-un-ser-humano-virtual). Pero como que parece un estigma o un silencio diferente. Uno es un compañero molesto como el perro negro de la depresión que describió Winston Churchill sobre su melancolía (otro estigma) que no por diferir de la etiopatogenia virológica pueda parecer menos crónico a sus pacientes (sufridores), y el otro es como un golpe seco que puede desde dejarte aturdido hasta desnucarte (y que cuanto antes se “pase” esa etiqueta-diagnóstico mejor y no quedarte estancado en grupos o realizar protestas o crear nada que simbolice tu temor, sufrimiento, padecimiento… tanto tuyo como el de tus seres queridos).

Mi intuición: hay una casi-totalización moral con el COVID-19 y no podemos expresar, realizar, agrupar… nada ético. Eso lo perciben las personas profesoras universitarias que imparten clase de forma virtual. Un comentario que me dejó helado (de muchos que he recibido o he visto compartidos. No me había dado cuenta de la cantidad de gente que conozco del gremio) fue un amigo que asistió conmigo al instituto y que es doctor en física y da clases en Ginebra. Le comentó a un alumno que era mejor asistir a las clases en directo y no descargarlas a posteriori porque si tenía dudas podían ser abordadas in situ y no ir acumulando zonas de opacidad que le pasarían factura a la larga quizás. Él le dijo que le iba mejor de esa forma, porque las clases (por ejemplo si eran de 2 horas) las ponía al doble de velocidad y así despachaba esa tarea pendiente en la mitad de tiempo. Seguramente con algo más de poder (y un poco de marketing) podría llegar a dominar el mundo con su filosofía. Pero esta reducción del tiempo que alguien te lo ha dedicado (dar clase. Sea individual o grupal) para así ampliar tu libertad personal (o sufrir menos de algo que te disgusta, reducir la parte negativa de tu com-promiso) es cruel y vete a saber qué efectos tiene a nivel de aprendizaje. ¿Qué tiene que ver esta historia con lo que digo? Otra tabla

 

Moral Ético (imagen especular de lo Moral)
Inmoral (inversión de lo moral) Cruel (imagen especular de lo Inmoral e inversión de lo ético)

 

Pongamos como ejemplo el periodismo para ejemplificar lo que quiero decir. Si un diario tiene muchas peticiones para publicar noticias, una forma “protocolaria” (Moral. Una concepción ontológica de lo que “vale” y lo que no) de filtrar las avalanchas diarias que recibe es realizar un cribado con características más o menos aleatorias (modelar si recibirá muchas lecturas, si causará que las personas suscriptoras se den de baja…). Se hace algo descartable por algoritmos en los casos muy claros (que beneficie mucho o perjudique mucho) y los casos “ambiguos” se derivan a un “comité de periodistas expertos” para que valoren cada caso de forma única y multidisciplinar.

Lo ético y lo cruel (adjetivos praxiológicos) no filtrarían nada. Lo que harían sería describir las acciones tomadas sobre cómo cubrirían las personas periodistas cada noticia. Un caso de periodismo ético sería (para mí) el de Albert Camus [4, 5]. Un caso cruel sería cómo se fue informando acerca del caso Alcácer mientras iban saliendo más pruebas sobre la tragedia.

Con esta intuición, mi pregunta es cómo salir de la dicotomía Moral / Inmoral para ir al trato, abordaje… ético. No solo en la consulta clínica de cada persona con una profesión del ámbito de la salud. Entre pares. Todo lo veo clausurado para ello. ¿Cómo nos “artificamos” (producimos arte para combatir esta absolutización moral) o “artistificamos” (nos convertimos en artistas)? Y el problema no lo percibo a modo omniabarcador / panmedicalizador de lo empírico o cuantitativo. Ya hay abordajes cualitativos con el eje puesto en el COVID-19 o con muchas personas investigando sobre la desigualdad de género o socioeconómica (aquí sí es un trato cruel, por ejemplo, a las personas que van a recoger la aceituna en Jaén donde no pueden no-trabajar y se ven atravesadas por múltiples injusticias sociales, legales…). En el contexto actual (el cual puede que nunca nos deje y siempre haya un remanente), ¿cómo politizamos nuestro malestar (en inglés ‘sickness’, lo que nos afecta aunque no tengamos ninguna enfermedad ni nos sintamos con fiebre o con dolores musculares etc…)?

Inici

 

Hay afectaciones que son comunes en las 2 pandemias

 

¿Se puede crear un “archivo pandémico” (aunque haya asimetrías con cada una. La gripe de 1918 tiene libros dedicados únicamente a las personas que la padecieron) y ver cómo fueron sus testimonios y cómo se lidió con ello? ¿Cuando no había cura o en ese momento no era posible, qué hacían? ¿Cuando había cura y solo podían acceder ciertas personas, qué jerarquías se crearon y cómo emergieron? ¿Por qué se glorifica en la literatura a la gente de clase alta que sufría de tuberculosis (“tísicos / as”) y lo usaban como un carácter distintivo? ¿Si algo no te mata al instante ni te deja exageradamente impedido, qué interacciones complejas se dan bajo diferentes contextos históricos? ¿Si tenemos cierta cantidad de material sobre distintas pandemias, por qué parece que cada vez nos pillen como si fuéramos eternos aprendices en el mal sentido? (Me incluyo). Aplaudo las iniciativas que quieren recopilar historias, narrativas, biografías de gente quizás ya fallecida https://covid19-recovery.org/ porque cada vacío humano que queda sin testimoniaje es un vacío social que nos lastra:

-«[…] Te quería hacer una pregunta. Muchas veces cuando alguien muere, hablamos más de su muerte que de su vida. Y… y pasa ahora también con la pandemia, ¿no? Que la gente está muriendo y nos dedicamos a contar muertos… ¿cómo era tu hermano?» (acerca de la sobrenarrativa de la muerte como desdibujamiento de la biografía de la persona fallecida, leer todo lo de Piedad Bonet. Lo que ha escrito y, si publica algo más, también):

https://www.youtube.com/watch?v=x2oLzhSYgUA&feature=youtu.be

 

 

Acabo. Un texto que siempre vuelvo a él es el de Aaron Rodríguez (recomiendo su canal en youtube y su página personal):

https://cinedivergente.com/palabras-para-julia-o-las-manos-de-stacey-gordon/

“[…] Las manos de Stacey Gordon son las manos de Dios.

 

Deslizadas por el interior de Julia, consiguen que la pequeña protagonista amarilla se desplace por el encuadre.

 

El hijo de Stacey Gordon tiene 12 años y es autista. Ella ha estudiado sus gestos, se ha sometido a su laberinto, y finalmente, esas manos que han tomado en brazos al niño diferente –que lo han aceptado en su imposible verdad- se deslizan en el interior de la tela. Ella es la heroína más valiente, más conmovedora, la auténtica artista que debería dejarnos a todos mudos de admiración. Nos ha legado todo su dolor, su aprendizaje –el gesto de la caricia hacia su hijo discapacitado- para exhibirlo de manera pública y abierta, para meterlo en nuestros hogares, para demostrarnos que no, que no lo hemos conseguido, pero que quizá estemos en el buen camino.

 

Tenemos derecho a seguir confiando en las imágenes. Tenemos que seguir pensándolas, seguir a su lado, seguir pensando que las imágenes pueden cambiar las cosas y pueden abrir un espacio para la diferencia que silencie de una maldita vez las líneas directas con todos los dioses y todos los miedos. Tenemos que creer en Julia y en Stacey Gordon más que en nosotros mismos.

 

Si las imágenes no sirven para tender un puente de amor hacia el otro… ¿entonces para qué sirven? ¿Para qué?

 

¿Qué imágenes, más allá de los gráficos curvi-líneos (que también están bien. Los consulto de vez en cuanto), nos pueden ayudar a esa tarea? ¿Es el COVID-19, también, un stress-test para el arte? Qué arte, cómo hacerlo, quién lo hará y para quién lo expondrá. Y si no damos con la imagen-ac(c)ión adecuada, ¿solo nos queda un tipo de consumo solipsista donde auto-acomodarnos con el no-estamos-tan-mal? ¿Una “ocificación” de los distintos, diversos y múltiples relatos con sus mosaicos particulares donde nos lleva a un estado de autohipnosis o de automatismo colectivo que quizás es lo que esperaban criticar sus propias autoras? http://www.juanirigoyen.es/2021/02/un-relato-discordante-del-confinamiento.html

“Adorno dijo que después de Auschwitz ya no era posible escribir poesía, pero Gerhard Richter, el pintor alemán y el artista vivo más caro del mundo, no está de acuerdo. «No es cierto. Se siguen escribiendo poemas y se siguen pintando obras de arte. Lo que sí es cierto es que en la pintura sobre Auschwitz hay un elemento nuevo. La fotografía que da testimonio del Holocausto nos enfrenta a un grado de verdad que nos remueve tan profundamente que cualquier intento de aproximación por parte de la pintura nos resulta, en contraste, indefensa e insatisfactoria»” https://www.abc.es/cultura/arte/abci-despues-auschwitz-sigue-habiendo-arte-201602051937_noticia.html ¿Hay posibilidad de hacer algo durante el COVID-19? Albergo la no-esperanza (o sea, que no se pueda hacer nada). Pero para llegar a esa respuesta, necesito seguir preguntando. Pero esa actividad se puede hacer con-junta-mente.

Saludos.

 

Marc Casañas es miembro de NoGracias. 

 

Referencias

[1]: https://osf.io/preprints/socarxiv/n8yp6/

[2]: Joan-Carles Mèlich Sangrà. L’experiència de la pèrdua: Assaig de filosofia literària; Arcàdia; 2017

[3]: Celia Sánchez Mustich. Els vells, aquella nosa: un elogi de la quarta edat. Comanegra; 2020

[4]: María Santos-Sainz. Albert Camus, periodista: De reportero en Argel a editorialista en París. Libros.com; 2016

[5]: Albert Camus. La noche de la verdad: Los artículos de Combat (1944-1949). Debate; 2021 (traducido por María Teresa Gallego Urrutia)