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Recientemente los medios de comunicación(1) se han hecho eco de unas declaraciones, cuando menos sorprendentes del Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos (CGCOM), asegurando que el término violencia obstétrica no se ajusta a la realidad en nuestro país. Expresan que “los procedimientos obstétricos que pudieran considerarse excesivos e inapropiados serían, en todo caso, acciones basadas en el principio de beneficencia que buscaría lo mejor para la mujer”(2).

Parece que la medicina insistiera, una vez más, en ignorar los testimonios de mujeres que relatan haber sufrido intervenciones en el parto no deseadas, ni informadas, prácticas que quedan muy alejadas de la deseable medicina centrada en las personas y demasiado próximas a un modelo paternalista, más propio de tiempos pasados y que, probablemente, debería quedar relegado a intervenciones puntuales, de extrema urgencia, en las que no dispongamos de tiempo suficiente para recabar la autorización de la paciente.

Si le preguntáramos a Miranda Fricker por esta cuestión es probable que nos hablara de la injusticia epistémica, que define como el trato diferente y perjudicial que sufren algunos grupos, clases o colectivos discriminados socialmente y que clasifica en 2 tipos. El primero de ellos, que nos ocupa en este caso, denominado injusticia testimonial, se comete contra aquellas voces que no se escuchan o atienden por provenir de grupos estigmatizados con algún estereotipo(3). Y es que los sesgos en las mujeres, en medicina, vienen determinados ya desde las investigaciones preclínicas en laboratorio donde se prefieren animales machos al considerar que las hembras son más cambiantes debido a sus ciclos hormonales, hecho desmentido por diversos estudios(4).

Londa Schiebinger, catedrática de historia de la ciencia en la Universidad de Stanford y responsable del proyecto Gendered Innovation, ha manifestado en múltiples ocasiones la necesidad de generar conocimiento mediante análisis de sexo y género para mejorar los métodos de investigación científica e innovar. No estaría mal que las declaraciones del CGCOM se sustentaran en los resultados de estudios realizados en nuestro entorno para conocer la calidad de la atención de las mujeres en un parto. Aun así, es preciso señalar que, de entrada, partimos de la falta de consenso en la definición del término violencia obstétrica pudiendo existir acuerdo en que se trata de cualquier práctica que no conduzca a un parto respetuoso.

En un trabajo publicado en el International Journal of Environmental Research and Public Health sobre las percepciones de las mujeres españolas durante el parto, analizando más de 17500 cuestionarios entre enero de 2018 y junio de 2019, un 38% de las madres percibió haber sufrido violencia obstétrica, un 44% consideró que fue sometida a procedimientos innecesarios o dolorosos y, de ellas, el 83% refirió que no había aceptado esas prácticas en un consentimiento informado(5).

Claro que la medicina parte de un planteamiento denominado “masculino neutro universal” que expresa una pretendida universalidad de lo masculino que se expande, como una mancha de aceite, apropiándose de la experiencia humana completa dejando lo femenino fuera de lo pensable, mencionable y decible, o en todo caso, como una experiencia relegada a un segundo plano, haciendo de la experiencia y el conocimiento del hombre la medida de la realidad entera(6).

Busch et al concluyen en una revisión sistemática que “excluir a las mujeres de los procesos de toma de decisiones sobre su propio cuidado o ignorar sus necesidades puede contribuir a crear barreras para la humanización del cuidado”(7). Y ahí estamos los profesionales de la medicina que creemos, precisamente, que la medicina tiene una responsabilidad en el cuidado (también de las mujeres), desde un punto de vista científico, técnico, ético y sobre todo y fundamentalmente humano. Y es que una de nuestras misiones consiste en proporcionar atención de calidad para reducir las probables desigualdades e inequidades que se pudieran apreciar en las personas que atendemos.

Pero sobre todo lo que puede resultar preocupante de una afirmación de tal índole es que una institución que representa a la totalidad de la profesión médica invisibilice un fenómeno que la Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoce como un problema de salud a nivel mundial y que es probable se haya acentuado en el transcurso de la actual pandemia. Como ejemplo, en algunos hospitales de nuestro país se decidieron realizar automáticamente cesáreas a aquellas mujeres que presentaban una PCR+ a SARS-COV2(8) o se vivieron realidades bastantes cuestionables, indicando partos sin acompañante, separando a madres asintomáticas o poco sintomáticas COVID+ de sus recién nacidos/as, o indicando no amamantarlos ni siquiera de forma diferida(9). Unas prácticas que requerirían ser evaluadas para conocer su pertinencia.

En una profesión como la nuestra ejercida cada vez más por mujeres ¿podrían estas declaraciones estar condicionadas por el hecho de que la mayoría de las presidencias y vicepresidencias de los colegios profesionales de medicina de nuestras provincias estén ocupadas por hombres?(10).

El término violencia obstétrica ¿sería reconocido en medicina en caso de que las mujeres ocupáramos en mayor medida cargos de responsabilidad en instituciones y organismos de nuestro ámbito profesional?

De todos modos la opinión del CGCOM es solo una parte de la visión de un problema que requiere conocer, también, las percepciones de las mujeres durante el parto, un acontecimiento especial que suele quedar marcado en la biografía individual de la mujer que lo vive y al que la medicina, quizá, ha prestado poca atención hasta el momento actual.

La OMS insta a los gobiernos a dedicar más recursos a investigar este tipo de violencia para establecer su definición y explicar cuáles son las consecuencias de las experiencias de las mujeres. También resalta la necesidad de generar datos para diferenciar un parto respetuoso de otro que no lo es. Además indica la necesidad de iniciar y promover programas con el objetivo de mejorar la calidad de la atención de la salud materna basados en el respeto como eje central. Para ello, considera, es preciso involucrar a todas las partes interesadas.

 

Ana Dosio es médica de familia, trabaja en el centro de salud de Galdakao, es vocal de investigación y miembro del grupo de Inequidades de Osatzen. Especialista en Ética Sociosanitaria, pertenece al Comité de Ética asistencial de Atención Primaria de Bizkaia (CEAAPB).

 

  1. https://www.elsaltodiario.com/sanidad/consejo-colegios-medicos-rechazan-concepto-violencia-obstetrica-
  2. https://cgcom.es/noticias/2021/07/21_07_13_violencia_obstetrica
  3. http:// laberintodelaidentidad.blogspot.com/2018/02/variedades-de-la-injusticia-epistemica.html
  4. https://www.rtve.es/noticias/20190531/investigaciones-cientificas-prefieren-animales-machos-considerar-hembras-son-mas-cambiantes/1949103.shtml
  5. Mena-Tudela D, Iglesias-Casás S, González-Chordá VM, Cervera-Gasch Á, Andreu-Pejó L, Valero-Chilleron MJ. Violencia obstétrica en España (Parte I): Percepción de las mujeres y diferencias interterritoriales. Revista Internacional de Investigación Ambiental y Salud Pública. 2020; 17 (21): 7726
  6. Babi Rourera, Pilar. Mujeres, conocimiento médico y práctica clínica. AMF. 2020;16(5):244.
  7. Busch IM, Moretti F, Travaini G, Wu AW, Rimondini M. Humanization of care. Key Elements identified by patients, caregivers and healthcare provides. A systematic review. Patient 2019; 12(5): 461-474.
  8. De Miguel I. Cesáreas y violencia obstétrica en Extremadura. El Salto Diario. [Internet.] Extremadura, 5 marzo 2021. [consultado el 28 de abril de 2021.] Disponible en: https://www.elsaltodiario.com/maternidad/cesareas-y-violencia-obstetrica-en-extremadura
  9. http://www,nogracias.org/2021/01/21/la-covid-en-el-embarazo-el-parto-y-la-lactancia-o-porque-es-importante-seguir-protegiendo-los-derechos-de-las-mujeres-en-pandemia-por-teresa-escudero/
  10. Organización Médica Colegial de España. Diagnóstico de género de la profesión médica. Madrid: Cuadernos CGCOM (Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos); 2018. p. 73.

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