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https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC4569445/

Gracias a una entrada en el blog de la Asociación Derecho a Morir Dignamente, traemos, por oportuno, el artículo escrito por Timothy E. Quill sobre su experiencia con un enfermo con un cáncer avanzado y refractariedad de los síntomas a los cuidados paliativos al que, debido a la falta de legislación, recomendó el ayuno voluntario como camino para acabar lo antes posible con su sufrimiento.

Cuando vemos titulares como este no podemos sino recordar que eutanasia y cuidados paliativos no son contradictorios sino complementarios y que tener que recurrir a recomendar el ayuno voluntario, como hizo el Dr. Quill con el caso que se describe en el artículo, es una solución, que algunos enfermos y familiares pueden interpretar como cruel o irracional.

http://morirencasa.weebly.com/blog/el-ayuno-voluntario-una-opcion-para-controlar-el-final-de-la-vida

El autor o autora de la entrada traduce el texto de Quill (respetamos las negritas del traductor):

«A.A.,  un hombre de 60 años  con un cáncer metastásico refractario, acudió a mi consulta de cuidados paliativos para informarse sobre las posibilidades de acceder a la ayuda médica a morir (AMM) (recomiendo usar el término “ayuda médica a morir”, porque desde el punto de vista de su significado esta práctica no tiene nada que ver con el “suicidio”, en realidad, para pacientes como A.A., esta opción tiene más que ver con su auto-preservación que con la auto-destrucción). Inicialmente le respondí que no podía proporcionarle esta opción debido a las restricciones legales existentes en el estado de Nueva York, pero que le ayudaría a encontrar una solución cuando llegase el momento. Exploramos juntos otras opciones de último recurso compatibles con la legalidad vigente, incluyendo la opción de dejar voluntariamente de comer y beber. Inicialmente él pensaba que esta opción era absurda e irracional y decidimos hacer todo lo posible para enfrentar lo que el futuro le reservase.

Con tratamiento paliativo experto,  A.A. permaneció aceptablemente cómodo y funcional durante el siguiente año a pesar de la extensión de las metástasis óseas, hasta que un día se fracturó la cabeza del fémur de forma espontánea. Una vez más A.A. me pidió una medicina para acabar con su vida, pero en lugar de eso le inmovilizamos la pierna, le incrementamos los analgésicos y le mandamos a casa con mayor soporte paliativo. A las 24 horas volvió con una rotura de cadera espontánea. Durante los siguientes días, se fracturó más huesos y experimentaba fuertes dolores  siempre que intentaba moverse, temiendo provocarse más fracturas por el mero hecho de moverse en la cama. Estaba preparado para morir y pedía obstinadamente la “ayuda médica para morir”, “cuanto antes mejor”. Estaba recibiendo unos cuidados paliativos excelentes y, a pesar de ello, experimentaba un sufrimiento extremo tanto físico como psíquico. Valoramos, como única opción para acelerar su muerte, dejar voluntariamente de comer y beber, conjuntamente con intensificar el control de los síntomas. De nuevo, A.A. manifestó que, en comparación con “la ayuda médica a morir”, la opción del ayuno le parecía absurda e inmadura, pero finalmente la aceptó como la solución “menos mala”. Mantuvimos el dolor bajo control con una infusión concentrada de opiáceos y mantuvimos su boca tan húmeda cómo fue posible. Su familia y sus amigos se despidieron, se le sedó gradualmente y murió 10 días después.

A.A. hubiera sido un candidato típico para la muerte asistida médicamente en aquellos estados donde la práctica es legal. Él tenía una enfermedad terminal clara y quería control sobre su muerte. Si hubiera residido en Oregón, yo le hubiera tranquilizado desde el principio diciéndole que le ayudaría a morir tan pronto como su sufrimiento fuese inaceptable y no se tendría que haber preocupado. Cuando su dolor se hubiera vuelto insoportable, yo le hubiera evaluado para tratar el dolor o la depresión y le hubiera ofrecido legalmente una muerte asistida. Personalmente, él consideraba absurdo que tuviera que dejar de comer, pero no tenía ningún reparo contra la muerte asistida. Fue debido a que las leyes del estado de Nueva York la prohíben, que se vio obligado a escoger un final de vida incoherente con sus propios valores.

Esto no significa que dejar de comer y beber voluntariamente sea siempre una mala opción. En mi opinión, debería estar sujeta a los mismos protocolos que la muerte asistida, incluyendo: (1) claro entendimiento de la enfermedad y su pronóstico, (2) cuidadosa evaluación del sufrimiento inaceptable para el paciente, (3) total acceso  a las medidas paliativas modernas, (4) evaluación de la capacidad de decisión del paciente, y (5) solicitud de una segunda opinión de un experto en cuidados paliativos independiente. Incluso donde la muerte asistida es legal, algunos pacientes eligen dejar de beber y comer. El impacto psicológico del ayuno es diferente cuando se elige libremente, que cuando se impone como única opción a alguien que prefiere una muerte asistida. Aunque A.A. valoró positivamente tener una opción que pudiese controlar para poder “escapar” del sufrimiento, él la consideraba más cruel y absurda que sensata. Al contrario, puede pasar que aquellos que por sus creencias morales nunca escogerían una muerte asistida legal, podrían preferir dejar de beber y comer al considerar que no va contra sus valores personales.

Ambas opciones presentan muchas similitudes: (1) se originan en un deseo de muerte, (2) requieren una considerable determinación de parte del paciente, (3) la intención del paciente es básicamente la misma, y (4) ambas se clasificarían técnicamente como suicidio, pero ninguna de las dos tiene que ver con una enfermedad mental subyacente. 

http://www.annfammed.org/content/13/5/421.long

Existen también importantes diferencias:  (1) el ayuno es un proceso más largo en el tiempo y más difícil de llevar a cabo, ya que los pacientes sienten más sed a medida que se desarrolla el proceso(2) en el ayuno el papel del médico es más indirecto (en el 38% de los casos  estudiados por Bolt et al. no hubo intervención médica), mientras que en la muerte asistida la intervención médica es mucho más directa (el médico proporciona los medios y el paciente toma la medicación), (3) la estética de los dos procesos es diferente, el ayuno dura entre 1 y 3 semanas y plantea una serie de problemas tanto médicos como sociales, mientras que la muerte asistida es una pura intervención médica donde la muerte ocurre en minutos u horas; y (4) la muerte asistida en estados donde es ilegal debe mantenerse en secreto para evitar complicaciones legales o posibles problemas con el duelo, mientras que la muerte por ayuno voluntario se puede practicar abierta y legalmente en cualquier sitio de los Estados Unidos.

Cuando un paciente que sufre solicita ayuda para morir, lo primero que hay que hacer es una cuidadosa evaluación para entender el por qué, para establecer un adecuado plan de cuidados paliativos y para evaluar su capacidad de decisión. Aunque los valores y las preferencias del paciente siempre están en el centro del proceso de toma de decisiones, la evaluación realizada por el personal médico debe de tener en cuenta los límites legales y los valores personales el propio equipo. Dejar de beber y comer puede ser una opción importante para algunos pacientes que sufren y que desean acelerar la muerte, pero el significado asociado a esta práctica puede variar considerablemente, considerándose una forma de control del paciente del final de su vida o, al contrario, un final absurdo que, en lugar de aliviar, añade sufrimiento. El ayuno requiere de mucho tiempo para responder adecuadamente al abrumador sufrimiento físico del paciente. La comparación de los riesgos, los beneficios y las cargas de estas prácticas de último recurso sigue siendo objeto de debate entre los bien intencionados, sofisticados y experimentados especialistas de cuidados paliativos, así como en la sociedad en general, dado que se intenta encontrar las mejores maneras de dar respuesta a aquellos infrecuentes pero problemáticos pacientes que, a pesar  de recibir cuidados paliativos avanzados, experimentan un sufrimiento inaceptable.«

Comentario Nogracias:

Es obvio que la toma de decisiones al final de la vida en España es muy mejorable dentro la legislación actual. También es obviamente incorrecto pensar que todas las personas que solicitan una muerte médicamente asistida lo hacen por falta de cuidados paliativos. Existen garantías que deben exigirse para que las decisiones de los enfermos que se encuentran al final de la vida se realicen en un contexto adecuado. Pero titulares como el que encabeza esta entrada solo añaden «emocionalidad barata» (e irresponsable) y no contribuyen para nada al necesario sosiego que la sociedad debe tener para abordar todos los retos que todavía tenemos pendientes el relación con el final de la vida. 

La eutanasia puede ser, para algunos enfermos, un salvavidas.  

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