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La depresión es una enfermedad mental con especial afectación sobre la sexualidad. De hecho la primera hipótesis explicativa sobre la melancolía la efectúa Freud en su correspondencia con Fliess, situando la psicogénesis de la depresión en la sexualidad y el autoerotismo: 

«Trátase de un debilitamiento del dominio psíquico sobre la excitación sexual somática que persiste desde hace tiempo y que facilita la producción de angustia ante cualquier aumento circunstancial de la excitación somática» 

Su discípulo Abraham en 1911 señalaría: 

«La Depresión aparece cuando el individuo ha renunciado a la esperanza de satisfacer sus tendencias libidinales (…) el individuo no puede sentirse amado, ni capaz de amar y desespera de llegar nunca a la intimidad emocional»

La depresión es algo más que la tristeza y, por supuesto, mucho más que la falta de ganas de tener relaciones sexuales: 

«consiste en una falta de ilusión, una inhibición, es decir, es una suspensión del deseo, una inapetencia apática y dolorosa»

https://www.infobae.com/sociedad/2017/08/12/juan-david-nasio-una-pareja-debe-tener-sexo-al-menos-dos-veces-por-semana/

Nasio habla de las relaciones sexuales como una necesidad psíquica y una garantía para la vida en pareja. Woody Allen también lo cree: 

«En la vida hay dos cosas fundamentales: la primera el sexo y la segunda… no me acuerdo»

Los antidepresivos, ¡esos medicamentos!, deberían estimular, por tanto, entre otras cosas, el apetito sexual.

¡Pero hacen todo lo contrario!

Antes sabíamos de su efecto destructor sobre el deseo sexual y sobre la posibilidad de tener unas relaciones sexuales satisfactorias, pero pensábamos que era transitorio y que cuando se abandonaba el tratamiento rápidamente «volvían las ganas»

Pues no.

Los antidepresivos pueden dejar una disfunción sexual persistente tras su abandono. Es decir, pueden perpetuar el malestar psíquico relacionado con la sexualidad, cronificarlo, dañar la posibilidad de una vida en pareja sexualmente equilibrada o, simplemente, la excitación y el placer de sentir deseo y satisfacerlo. 

https://www.aemps.gob.es/medicamentosUsoHumano/observatorio/docs/antidepresivos-2000-2013.pdf

En España, el número de personas que toman antidepresivos se ha casi cuatriplicado entre los años 2000 y 2013.

Diapositiva cedida por Alberto Ortiz Lobo

Se sabe que existe sobrediagnóstico de trastornos depresivos y la consecuente sobreutilización de estos fármacos: son un recurso fácil para muchos malestares.  

Diapositiva cedida por Alberto Ortiz Lobo

Por tanto, hablamos de muchos miles de personas en riesgo de ser tratadas con medicamentos de dudosa eficacia pero elevada capacidad de hacer daño, especialmente en la esfera sexual.

Es un daño gratuito.

https://www.icf.uab.cat/assets/pdf/productes/bg/es/bg312.18e.pdf

El butlettí groc le dedica su número de abril-junio de 2018 a la disfunción sexual persistente tras el tratamiento antidepresivo:

«La disfunción sexual postISRS surge después del uso de un ISRS durante períodos variables. Tras la suspensión del fármaco, los pacientes siguen presentando disminución del deseo, anestesia genital, disfunción eréctil y de la eyaculación, pérdida de lubricación en mujeres y/o anorgasmia. No se conoce bien la incidencia, porque se confunde con síntomas de depresión o de ansiedad, que tienen una relación evidente con la sexualidad.»

En mujeres es frecuente el llamado trastorno persistente de la excitación genital (persistent genital arousal disorder, PGAD):

«Se caracteriza por una excitación genital no deseada en ausencia de sensación de deseo sexual. A veces es dolorosa, puede durar horas o incluso días, y normalmente no remite después de un orgasmo. Las pacientes describen los síntomas como angustiantes e intrusivos»

https://rxisk.org/donate-to-the-rxisk-prize/

David Healy es probablemente la persona que más está luchando por el reconocimiento científico y clínico de este problema. Hace unos meses colaborábamos en una campaña específica destinada a recaudar fondos para su investigación y divulgación:

«Con frecuencia los síntomas de DSPA se diagnostican erróneamente como un problema psicológico, cuando en realidad es de origen farmacológico. Esto no solo es inútil para el paciente, sino que también puede llevar a seguir o reiniciar prescripciones de antidepresivos que son los causantes de la afección. Los efectos secundarios sexuales de los antidepresivos no están de ninguna manera relacionados con la depresión o cualquier otro trastorno psicológico o psiquiátrico.»

Ahora este psiquiatra gales encabeza una campaña para que la FDA reconozca la existencia de esta patología e informe a los pacientes de la posibilidad de desarrollar alteraciones sexuales permanentes:

«Las personas abajo firmantes envían esta petición para solicitar a la persona presidenta de la Food and Drugs que requiera de forma inmediata la adición de cajas de aviso («boxed warnings»), advertencias, precauciones, e información sobre la prescripción, resaltada en la etiqueta del producto para todos los fármacos inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) y los inhibidores de la recaptación de serotonina-norepinefrina (IRSN)»

La campaña pretende que figure claramente en los prospectos de los antidepresivos (incluyen, pero no están limitados a, citalopram, desvenlafaxine, duloxetine, escitalopram, fluoxetine, paroxetine, sertraline, venlafaxine, y vortioxetine):

«Añadir AVISOS, PRECAUCIONES e INFORMACIÓN DE PRESCRIPCIÓN RESALTADA para informar que el uso de y la retirada de los ISRS y los IRSN puede causar anestesia genital, orgasmo débil o sin placer, orgasmo retrasado o su ausencia, pérdida de líbido, disfunción eréctil, reducción de la lubricación vaginal, menor sensibilidad en el pezón, flacidez del glande del pene durante la erección, respuesta aletargada al estímulo sexual, cierta inhibición de la capacidad para experimentar deseo sexual y…. desorden persistente de agitación genital (DPAG)… los efectos sexuales secundarios pueden persistir a veces durante años o de forma indefinida después de la discontinuación del fármaco; pueden aparecer durante el tratamiento y permanecer al cabo de su finalización, o iniciarse o empeorar cuando cesa su toma.»

Healy y sus colaboradores también pretenden que este grave daño sea reconocido por las empresas fabricantes y solicitan a la FDA:

«Enviar a todas las empresas productoras de ISRS e IRSN una carta de notificación sobre la necesidad de una Evaluación de Riesgos y de un Plan de Control de Daños que incluya lo siguiente:

  1. Requerir a las farmacéuticas que envíen una Carta de tipo «Estimada Proveedora de Salud» a personas psiquiatras, psicólogas, internistas, médicos / as de familia, urólogas y endocrinas informándolas que estos fármacos tienen reacciones adversas graves relacionadas con su uso, y que representan una amenaza de salud pública
  2. Requerir a las farmacéuticas que desarrollen una Guía de Tratamiento y Plan de Comunicación para concienciar a las personas pacientes sobre los graves riesgos de estos fármacos que podrían afectar las decisiones de su uso o la continuidad de éste»

La «Citizen petition» remitida a los responsables de la FDA concluye: 

«Las pruebas presentadas muestran una clara evidencia sobre la potencia de disrupción de la función sexual de los ISRS e IRSN, y que sus efectos adversos sexuales pueden a veces persistir durante años o de forma indefinida al cesar su tratamiento. En algunos casos, estos efectos solo aparecen o empeoran con la desprescripción. También se ha visto que los problemas post-tratamiento pueden ocurrir después de una cortisima exposición al fármaco.

Las disfunciones sexuales (DSPI y el DAGP) pueden cambiar la vida de la persona, haciéndole dificultosas o imposibles sus relaciones íntimas o, simplemente, poder llevar una vida normal.

El etiquetado actual no expresa adecuadamente la amplitud, la severidad o la potencial naturaleza permanente de los efectos adversos sexuales causados por los productos ISRS y los IRSN. En particular, la anestesia genital y el orgasmo sin placer deberían ser mencionados de forma específica porque son efectos altamente inusuales y no características típicas de la disfunción sexual. No se puede esperar que las personas pacientes ni las profesionales del sistema de salud tengan un conocimiento específico sobre los casos de insensibilidad genital profunda y pérdida de la habilidad para experimentar placer durante el orgasmo englobados en la disrupción de la función sexual.

A través de la literatura, una serie de diferentes términos están siendo usados para describir la alteración de la calidad orgásmica en la DSPI, como el orgasmo sin placer, anhedonia en la eyaculación, anhedonia orgásmica e intensidad orgásmica menguada. No obstante, todos describen el mismo fenómeno, es decir, un orgasmo en mujeres y hombres en el que la sensación placentera está notablemente ausente, con un sentimiento profundo de anormalidad silenciado en la persona sufridora, tal que se representa en consulta como poco menos que una serie de contracciones musculares rítmicas en la área genital.

Sin las suficientes advertencias acerca del riesgo de daño permanente de la función sexual, las personas pacientes están siendo privadas de su consentimiento informado, siendo imposible para ellas y las personas profesionales de la salud ponderar tanto los beneficios como los perjuicios del tratamiento. Por todo ello hacemos esta petición para que estos avisos se muestren de forma clara y sean inmediatamente añadidos a todos los productos de ISRS y de IRSN.»

Traducción de la «Citizen petition» realizada por Marc Casañas. 

 

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