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Mad Men es una serie televisiva, un “coctel de misoginia, alcoholismo, envidia y egoísmo”. Una maravilla narrativa que describe crudamente los cimientos culturales, estéticos y éticos de nuestra sociedad capitalista. El cinismo con el que trata la agencia de publicidad Sterling Cooper el daño del tabaco, cuando establece las claves del marketing de su principal cliente, Lucky Strike, es fácil de identificar en las estrategias actuales de marketing relacionadas con los fármacos.  

Esto es algo más que una casualidad. Hubo un Dan Draper médico, psiquiatra y psicoanalista, que introdujo las estrategias del marketing en los medicamentos.

https://www.newyorker.com/magazine/2017/10/30/the-family-that-built-an-empire-of-pain

Acabamos de leer un texto implacable del The New Yorker, de Patrick Radden Keefe, relatando la historia de la familia Sackler, una de las más ricas de EE.UU, dueños de la compañía Purdue Pharma, que comercializó primero el MST Continus y luego el Oxicontyn y a quien se acusa de haber diseñado la estrategia de marketing que ha conducido a los Estados Unidos a sufrir más muertes por sobredosis de opioides que soldados fallecieron en las guerras de Corea y Vietnam juntos (unas 300.000 desde 1995).

Los Sackler han sido, hasta ahora, el paradigma de millonarios discretos y caritativos, siendo los más importantes mecenas y filántropos artísticos de Estados Unidos, es decir, del mundo.

La riqueza de la familia comienza con tres hermanos psiquiatras nacidos en Brooklyn, Arthur, Mortimer, and Raymond, hijos de inmigrantes judíos procedentes de Polonia. 

De los tres hermanos, el mayor, Arthur, psicoanalista freudiano, era el patriarca y cerebro. En 1942, Arthur ayudó a pagar su matrícula de la escuela de medicina trabajando en William Douglas McAdams, una pequeña agencia de publicidad especializada en el campo de la medicina. Era tan bueno en su trabajo que, como Don Draper de Mad Men, compró la agencia y revolucionó la industria.

Hasta entonces, las compañías farmacéuticas no se habían atrevido a utilizar los trucos de las compañías publicitarias de Madison Avenue. Como médico y publicista, Arthur entendió que vender medicamentos requería seducir no solo al paciente sino, sobre todo, al médico. Arthur cambió las reglas.

Arthur Sackler comenzó a idear campañas dirigidas directamente a los clínicos, colocando anuncios llamativos en revistas médicas y distribuyendo literatura en las consultas. Fue co-fundador de la consultora IMS. Además entendió la fuerza de convicción de los expertos y de la propia ciencia y la necesidad de pagar muy bien a los “colaboradores”. En 1959 tuvo que dimitir el jefe de la división de antibióticos de la F.D.A., Henry Welch, por aceptar pagos de una de las empresas de la familia Sackler para que hablara bien de sus productos.  

En 1997, Arthur fue incluido póstumamente en el Salón de la Fama de la Publicidad Médica con la dedicatoria:

“Por llevar todo el poder de la publicidad y la promoción al marketing farmacéutico”.

Durante los años sesenta, Arthur se hizo rico comercializando los tranquilizantes Librium y Valium. Una campaña, por ejemplo, alentaba a los médicos a recetar Valium a personas sin ningún síntoma psiquiátrico:

“Para este tipo de paciente, sin una patología demostrable, considere la utilidad de Valium”.

https://www.nytimes.com/1979/09/11/archives/senate-panel-is-told-of-dangers-of-valium-abuse-a-nightmare-of.html

Roche, el creador de Valium, no había realizado estudios sobre su potencial adictivo. En 1973, los médicos estadounidenses prescribían más de cien millones de recetas de tranquilizantes al año, y los problemas de adicción eran tan importantes que el senador Edward Kennedy lideró una campaña de concienciación ante lo que llamó “una pesadilla de dependencia y adicción”.

En 1952, los hermanos Sackler compraron una pequeña compañía farmacéutica, Purdue Frederick. Cada hermano controlaba un tercio de la compañía, pero Arthur, que estaba ocupado con sus aventuras publicitarias, jugaría un papel pasivo. Raymond y Mortimer se convirtieron en consejeros delegados.

Durante los años setenta, Raymond y Mortimer Sackler obtuvieron su primer gran éxito de ventas en Purdue con un analgésico llamado MST Continus, morfina de liberación prolongada. Pero, a fines de la década de los ochenta, su patente estaba a punto de expirar, y los ejecutivos de Purdue comenzaron a buscar un medicamento para reemplazarla: encontraron la oxicodona, un opioide más potente que la morfina desarrollado por científicos alemanes en 1916.

La oxicodona era barata de producir y ya se usaba en otros medicamentos como el Percodan (en la que se mezclaba con aspirina) o el Percocet (en la que se mezclaba con Tylenol). Purdue desarrolló una oxicodona con una fórmula de liberación prolongada, similar a la del MST Continus, patentó la fórmula y múltiplico el precio del producto por 100.

Antes de comercializar OxyContin, Purdue realizó grupos focales con médicos y descubrió que el mayor “inconveniente” era la preocupación arraigada entre los médicos con respecto al “potencial de abuso” de los opioides. Purdue decidió contrarrestar esa idea pagando a expertos que comenzaron a hablar del dolor crónico no cancerígeno insuficientemente tratado y la necesidad de usar los opioides, un “regalo de la naturaleza”, más libremente.

En 1997, la Academia Estadounidense de Medicina del Dolor y la American Pain Society publicaron una Guía sobre el uso de opioides para tratar el dolor crónico no canceroso. La declaración fue escrita por un comité presidido por el Dr. J. David Haddox, un experto pagado por Purdue que acabaría trabajando en la compañía.

Richard Sackler, hijo de Raymon, estaba en la cúspide de Purdue cuando en la F.D.A. aprobó OxyContin en 1995 para el tratamiento del dolor moderado y severo. Aunque Purdue no había realizado estudios clínicos sobre la capacidad adictiva del medicamento, la F.D.A. aprobó que en el prospecto del OxyContin se anunciara que el medicamento era más seguro que otros analgésicos opioides debido a que su mecanismo patentado de absorción retardada “reducía la posibilidad de abuso”. El experto que supervisó el proceso, el Dr. Curtis Wright, abandonó la FDA poco después. En dos años, tenía un trabajo en Purdue.

Mortimer, Raymond y Richard Sackler lanzaron OxyContin con una de las mayores campañas de marketing farmacéutico de la historia, desplegando muchas de las técnicas iniciadas por Arthur. La compañía contaba con un ejército de representantes y los armó con gráficos, estudios clínicos y artículos de expertos comprados dirigidos, sobre todo, a médicos generales, que mostraban los beneficios de OxyContin en patologías como el dolor de espalda, la artrosis o las lesiones deportivas, así como, por supuesto, su mínima adictividad.

A los cinco años de su introducción, OxyContin generaba mil millones de dólares anuales, solo en EE.UU. 

Arthur y Mortimer Sackler se casaron tres veces y Raymond se casó una vez. Hay quince Sackler en la segunda generación, la mayoría de los cuales tienen hijos. En 2011, la viuda de Mortimer, Theresa, que forma parte del consejo de administración de Purdue, recibió la Medalla Príncipe de Gales por su filantropía artística.

La hija de Theresa, Sophie, está casada con el jugador de cricket inglés Jamie Dalrymple, y vive en una casa de cuarenta millones de dólares en Londres. El nieto de treinta y siete años de Raymond, David Sackler, administra un fondo de inversión familiar y es el único miembro de la tercera generación que forma parte del directorio de Purdue. Mortimer Sackler renunció a su ciudadanía estadounidense en 1974 por razones impositivas, y vivió una vida extravagante en Europa, yendo y viniendo de residencias en Inglaterra, los Alpes suizos y Cap d’Antibes. En 1999, la reina Isabel le otorgó el título honorífico de caballero, en reconocimiento a su filantropía. Pero esta vida llena de glamour de los Sackler se construyó sobre la muerte y el sufrimiento de cientos de miles de personas.

Casi inmediatamente después de la comercialización de OxyContin, hubo indicios de su enorme adictividad. Si se machacan las pastillas y se inhalan o se disuelven en líquido y se inyectan, se anula el efecto retard, consiguiéndose una gran carga narcótica. Algunos pacientes comenzaron a vender sus pastillas en el mercado negro, donde el precio en la calle era de un dólar por miligramo. Médicos desaprensivos que vieron el negocio crearon clínicas para el dolor llamadas “Pill Mills” que prosperaron gracias a la liberal prescripción de OxyContin.

Sin embargo, la compañía siguió sin reconocer que el fármaco era adictivo. Purdue insistía en que el único problema era que los usuarios de drogas recreativas no tomaban OxyContin según las indicaciones. La narrativa de la compañía era que la culpa eran los yonquis que mal usaban su producto. En 2001, Michael Friedman, vicepresidente ejecutivo de Purdue, testificó en una audiencia en el Congreso para analizar el aumento alarmante del abuso de opiáceos. La comercialización de OxyContin había sido “conservadora”, sostuvo y la culpa de los problemas de adicción era de los usuarios: 

“Prácticamente todos los informes sobre adicción involucran a personas que abusan de la medicación, no a pacientes con necesidades médicas legítimas”.

En 2002, una mujer de veintinueve años de Nueva Jersey, Jill Skolek, a la que se había recetado OxyContin para una lesión en la espalda, murió mientras dormía por un paro respiratorio, dejando atrás a un hijo de seis años. Su madre, Marianne Skolek Pérez, era enfermera. Angustiada y desconcertada, convencida de que OxyContin era peligroso escribió a la F.D.A., instándolos a señalar claramente en los prospectos de OxyContin advertencias sobre el riesgo de adicción y muerte por sobredosis.

Igual que en otros casos, como el de Marine Martin y el Depakine, ha sido el activismo de víctimas de los fármacos, no la acción proactiva de médicos o agencias reguladoras, el principal detonante de que la sociedad tomara conciencia del problema. Al año siguiente, mientras Marianne asistía a una conferencia sobre adicciones en la Universidad de Columbia, tuvo que escuchar a Robin Hogen, un especialista en comunicación que trabajaba para Purdue, que la muerte de Jill no era responsabilidad de Purdue. El verdadero problema, dijo, era la propia Jill Skolek porque abusaba de las drogas.

Allí también estaba el ya mencionado experto a sueldo de Purdue, el Dr. J. David Haddox, quien insistió en que OxyContin no era adictivo. Comparó la droga con una verdura:

“Si te doy un tallo de apio y te lo comes, es saludable”. Pero si lo pones en una licuadora y tratas de inyectártelo por las venas, ya no es bueno”.

Cuando Haddox abandonaba el evento, Marianne lo empujó. Sorprendido, Haddox se tambaleó hacia atrás y cayó con estrépito en una fila de sillas plegables. “Fue uno de esos momentos Kodak”, recuerda Marianne. “Probablemente no fue correcto hacerlo, pero me encantó”.

Arthur Sackler, el hijo de Mortimer, escribió una vez que “todos los problemas de salud recaen sobre el individuo”. La posición de Purdue era que las sobredosis de OxyContin eran una cuestión de responsabilidad individual y no de las propiedades adictivas de la droga.

En 2003, la Drug Enforcement Administration (DEA) tenía claro que los “métodos comerciales agresivos” de Purdue “habían exacerbado el abuso generalizado de OxyContin”. Rogelio Guevara, un alto funcionario de D.E.A., concluyó que Purdue había “minimizado deliberadamente” los riesgos asociados con la droga. Pero la compañía siguió insistiendo en transferir la culpa a los drogadictos, financiando un anuncio de servicio público que mostraba a un adolescente asaltando el botiquín de sus padres. J. David Haddox 2001, le dijo a un periodista de Associated Press, “Muchas de estas personas dicen: ‘Bueno, yo estaba tomando la medicina como me dijo mi doctor’, y luego comencé a tomar más y más y más”. Agregó: “No veo dónde está mi problema”.

La verdad era que los peligros de OxyContin eran intrínsecos a la droga y Purdue lo sabía. La fórmula de liberación prolongada significaba que, en principio, los pacientes podían ingerir de forma segura una dosis importante cada doce horas. Pero documentos internos de Purdue, que han surgido a través de un litigio, demuestran que incluso antes de la aprobación de FDA, la compañía ya era consciente de que no todos los pacientes que tomaron OxyContin lograban un alivio de doce horas.

Recomendar un fármaco cada 12 horas cuando, para muchos pacientes, funciona solo 8, es la vía más directa para generar síndrome de abstinencia entre dosis y, consecuentemente, adicción y abuso. Los médicos que prescribÍan OxyContin comenzaron a informar que los pacientes mostraban síntomas de abstinencia (picazón, náuseas, temblores) entre dosis y acudían solicitando más medicamentos.

http://www.drugrehab.org/what-is-pseudoaddiction/

El experto Haddox tenía una respuesta. En un documento de 1989, había acuñado el término “pseudoadicción”. Como explicaba un folleto sobre el manejo del dolor distribuido por Purdue, la pseudoadicción “parece similar a la adicción, pero se debe al dolor no aliviado”. El panfleto continuaba:

“Es un malentendido que puede llevar al médico a estigmatizar inapropiadamente al paciente con la etiqueta de “adicto”. La pseudoadicción generalmente se trata aliviando el dolor, a menudo a través de un aumento en la dosis del opioide”.

Incluso después de que era claro que OxyContin estaba siendo utilizada como droga de abuso y que existían prácticas médicas en las Pill Mills cercanas al menudeo de los camellos, Purdue se negó a admitir que presentaba riesgos. Los líderes de la compañía advertían que los intentos por detener las sobredosis podrían privar a los pacientes con dolor del acceso al medicamento. Los representantes comerciales recibieron instrucciones de ignorar los informes de abuso y “vender la necesidad de acceso”. En 2003, la F.D.A. envió a Purdue por primera vez una carta de advertencia sobre anuncios que “exageraban groseramente el perfil de seguridad de OxyContin al no referir sus riesgos graves, potencialmente fatales”.

Además, como Purdue se negaba a reconocer que muchos enfermos necesitaban tres dosis, las compañías aseguradoras dejaron de financiar el costo de las dosis extra off-label, con lo que los fármacos comenzaron a ser inaccesibles para los enfermos que habían desarrollado la adicción. El siguiente e inevitable paso era que los adictos tenían que acudir a la más barata y peligrosa heroína. Cuatro de cada cinco adictos a la heroína hoy en día en EE.UU comenzaron tomando opioides por prescripción médica.

Purdue ha tenido múltiples juicios pero siempre acaba llegando a un acuerdo con las víctimas, evitando cualquier sentencia condenatoria. Los millones de dólares que gasta en estos acuerdos son una forma de licencia para seguir con sus prácticas comerciales criminales que le procuran mucho más beneficio económico. 

En agosto de 2010, Purdue silenciosamente reemplazó OxyContin por un medicamento que era sutilmente diferente. La compañía había obtenido una nueva patente para una versión reformulada de OxyContin (la patente original expiraba en 2013). Al machacar las nuevas píldoras, no se convierten en un polvo fino y soluble sino en una sustancia gomosa difícil de manejar. Purdue recibió la aprobación de la F.D.A. incluyendo en su prospecto información sobre las propiedades que “evitan el abuso” del nuevo OxyContin.

Sin embargo, no se trató tanto de una preocupación de la empresa por evitar la utilización fraudulenta sino un intento exitoso de evergreening, es decir, de “estirar la patente” y evitar la competición de los genéricos. Purdue, que había negado durante mucho tiempo que el OxyContin original impulsara la adicción, presentó documentos ante la F.D.A., solicitando a la agencia que rehusara aceptar versiones genéricas de la formulación original, porque no eran seguras. La F.D.A., siempre servicial, estuvo de acuerdo, bloqueando cualquier competencia genérica de bajo costo para Purdue. 

https://www.thedailybeast.com/safer-oxycontin-caused-thousands-of-heroin-deaths-researchers-find

Recientemente se ha vinculado esta nueva formulación a un incremento en las muertes por sobredosis de heroína. Muchas personas mayores siguen siendo adictas al OxyContin reformulado pero obtienen el medicamento a través de recetas médicas. Estas personas compran el medicamento legalmente y se tragan las píldoras enteras, según las instrucciones. Ese es el mercado de Purdue ahora. Pero las personas más jóvenes, que pueden obtener con menos facilidad recetas para el dolor, y para quienes OxyContin puede ser demasiado caro, han recurrido cada vez más a los sustitutos del mercado negro, incluida la heroína.

Como detalla Sam Quinones en su libro de 2015, “Dreamland”, los traficantes de heroína de México se desplegaron en los EE. UU. para abastecer el creciente mercado de personas que habían sido preparadas por la adicción a los fármacos. Esta es la espantosa paradoja de la historia del OxyContin: la formulación original creó una generación adicta a las píldoras; la reformulación, al obligar a los usuarios más jóvenes a abandonar el medicamento, ayudó a crear una generación adicta a la heroína.

https://www3.nd.edu/~elieber/research/ELP.pdf

Un artículo reciente describe una encuesta realizada a doscientas cuarenta y cuatro personas que ingresaron al tratamiento por abuso de OxyContin. Después de la reformulación, un tercio había cambiado a otras drogas. El setenta por ciento de ese grupo había recurrido a la heroína.

Purdue Pharma ahora reconoce que hay una crisis de opiáceos, pero sostiene que ha tomado todas las medidas posibles para abordarla, desde el patrocinio de programas de “supervisión de recetas” en algunos estados hasta la financiación de programas educativos contra el abuso de drogas. 

En febrero de 2018, Purdue ha anunciado que deja de publicitar el OxyContin a los médicos y ciudadanos.

Dado que Purdue hizo más difícil machacar las píldoras de OxyContin, las prescripciones se han desplomado en un cuarenta por ciento. Esto sugiere que casi la mitad de los consumidores originales de la droga pueden haber estado aplastándola para drogarse. Purdue, enfrentándose a un mercado cada vez más reducido y un creciente oprobio, no ha renunciado a la búsqueda de nuevos usuarios. En agosto de 2015, a pesar de las objeciones de los críticos, la compañía recibió la aprobación de la F.D.A. para comercializar OxyContin en niños de hasta once años.

http://www.latimes.com/projects/la-me-oxycontin-part3/

Forbes estima que los Sackler continúan recibiendo alrededor de setecientos millones de dólares al año de las compañías familiares, y, como los Sacklers seguramente saben, el futuro real de OxyContin está fuera de EE.UU. A medida que OxyContin se extendió fuera de los EE. UU., el patrón de disfunción se repitió: mapear la distribución geográfica del medicamento es hacer un mapa de una crisis de adicción, abuso y muerte.

La familia Sackler sigue impulsando el medicamento, a través de una empresa relacionada con Purdue llamada Mundipharma. La estrategia de convencer a los médicos de la existencia de un gran número de personas que sufren de dolor crónico no tratado es la que Mundipharma explota. En México, Mundipharma ha afirmado que veintiocho millones de personas -un cuarto de la población- sufren de dolor crónico. En China, la compañía ha distribuido videos de dibujos animados sobre el uso de opioides para aliviar el dolor; la literatura promocional cita la afirmación de que las tasas de adicción son insignificantes. Mundipharma y sus expertos a sueldo hablan en España de opiofobia y reproducen la narrativa que ha causado la epidemia en EE.UU

https://www.eldiario.es/sociedad/oxycocin-farmaceuticas-heroina_0_593541366.html

En este artículo de 2016 podemos leer:

“El coordinador de Opioides de la Sociedad Española del Dolor, Ignacio Velázquez, opina que “aquí no existe un problema como el de EEUU porque la sociedad americana es compulsiva y su sistema farmacéutico está liberalizado”. Este doctor indica que “el peligro de adicción siempre existe pero como efecto secundario que se puede revertir”. Además, subraya que “la sanidad española está mucho más controlada. Estos fármacos se dispensan a pacientes mientras que la problemática en Norteamérica se debió a un uso recreativo”.

Y continua el texto:

“Mundipharma despliega su acción en España mediante cursos y seminarios para vencer ese supuesto concepto de opiofobia que utiliza en sus intervenciones. El año pasado, la farmacéutica pagó 2,7 millones de euros a profesionales sanitarios, según los archivos de transferencias de valor de la empresa. También financió con 342.000 euros a organizaciones, fundaciones y clínicas como la Sociedad Española el Dolor, la Fundación Española del Pulmón, la Sociedad Española de Atención Primaria… Dedicó 589.000 euros a investigación y desarrollo.”

https://www.comsevilla.es/adjuntos/adjunto_1731.pdf

Mundipharma ha organizado, por ejemplo, un curso oficial de acreditación profesional en el que su coordinador, Emilio Blanco, asegura que “la prescripción de opioides es reducida probablemente por el desconocimiento sobre este grupo de fármacos y por las barreras que limitan su uso (opiofobia)”. El curso online estaba dirigido a médicos de familia a través la SEMERGEN. ¿Les suena?

Además, Mundipharma se ha colocado en el mundo académico. Recientemente se presentó la cátedra del dolor Mundipharma en la Universidad Católica de Valencia. También financió el curso Miradas hacia el Dolor de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid.

https://www.elperiodico.com/es/sociedad/20180211/estrategia-farmaceuticas-consumo-opiaceos-espana-6617325

En este magnífico texto de Ricardo Mir se habla de “la explosión del fentanilo” que ha aumentado un 248% en una década y España es hoy el quinto país del mundo donde más se consume, por encima de EEUU.

En febrero de 2017, la AEMPS publicó un informe sobre la utilización de opioides en España:

“El consumo de opioides en España ha pasado de 7,25 DHD en el año 2008 a 13,31 DHD en el año 2015 lo que supone un incremento del 83,59%”

https://www.redaccionmedica.com/la-revista/reportajes/opioides-en-espana-ni-repunte-silencioso-ni-crisis-a-la-americana-4492

Pero “los expertos” están tranquilos. Francisco de Asís Babín, delegado del Gobierno del Plan Nacional sobre Drogas afirma que los médicos americanos son más inmorales que los españoles:

“En Estados Unidos, donde el sistema es eminentemente de aseguramiento privado, el médico fideliza al paciente, entre otras cuestiones, satisfaciendo sus expectativas. Es decir, es mucho más probable que un médico estadounidense consienta recetar algo al paciente que, desde el punto de vista de las buenas prácticas, no sería lo más indicado, a que lo haga un médico del SNS”

http://www.nogracias.eu/2018/03/28/las-estrategias-comerciales-la-industria-farmaceutica-matan-caso-los-opioides-ee-uu/

No se ha enterado el Sr. Babín de que el problema no son los pacientes sino la industria farmacéutica y que el nivel de relaciones de los médicos españoles con la industria es superior a la que tienen los médicos norteamericanos.

“En España, no hay datos de un sobreconsumo de opioides legales” dice Néstor Szerman, presidente fundador de la Sociedad Española de Patología Dual ¿Cómo explica el crecimiento en la prescripción? 

El incremento del uso de opioides en España responde sin duda a una estrategia comercial. La financiación pública de los fármacos está evitando con seguridad que los enfermos recurran a drogas ilegales pero desconocemos las muertes vinculadas a la utilización de estos fármacos o si el incremento en la utilización señala un incremento de los adictos.

¿Podemos esperar tranquilamente sensatez en los médicos y asumir que el crecimiento en la utilización de medicamentos se debe a miles de enfermos con dolor crónico que lo sufrían en silencio? 

No cree eso la ONU.

https://www.elperiodico.com/es/sucesos-y-tribunales/20180301/-onu-califica-epidemia-mortifera-muertes-sobredosis-eeuu-6659390

Es la misma estrategia realizada por la industria tabacalera. Se han visto atrapados en Estados Unidos y exportan sus productos a lugares con “menos atención”. Y sabemos lo que va a pasar. Vamos a ver mucha y mucha muerte. Recientemente varios miembros del Congreso escribieron a la Organización Mundial de la Salud, instándola a ayudar a detener la propagación de OxyContin, y mencionando a la familia Sackler por su nombre. “La comunidad de salud internacional tiene una rara oportunidad de ver el futuro”, escribieron. “No permita que Purdue se aleje de la tragedia que han infligido a innumerables familias estadounidenses simplemente encontrando nuevos mercados y nuevas víctimas en otros lugares”.

David Kessler, el ex comisionado de la F.D.A. cree que la desestigmatización de los opiáceos en los Estados Unidos representa uno de los “grandes errores” de la medicina moderna. 

Los Estados Unidos representan aproximadamente un tercio del mercado mundial de analgésicos opiáceos. En los últimos años, los médicos estadounidenses han emitido alrededor de 250 millones de recetas de opioides al año. Hay 35.000 muertes cada año debido a sobredosis de opioides: 145 americanos mueren de sobredosis de opioides cada día.  El año pasado, en Ohio, un estado particularmente afectado por la epidemia, 2.3 millones de residentes, aproximadamente una de cada cinco personas en el estado, recibieron una receta para opiáceos. En EE.UU, nace un bebé adicto cada media hora. En lugares como Huntington, Virginia Occidental, el diez por ciento de los recién nacidos dependen de los opiáceos. 

La familia Sackler está en la picota en los EE.UU.

https://www.esquire.com/news-politics/a12775932/sackler-family-oxycontin/

Se habla de retirar su nombre de los museos y cátedras a los que han contribuido en las últimas décadas

Recientemente se ha publicado un ensayo clínico que compara el efecto a largo plazo de los opioides comparado con Paracetamol y AINEs: el tratamiento con opiáceos no fue superior al tratamiento con medicamentos no opiáceos para mejorar la función relacionada con el dolor durante 12 meses. Los resultados no apoyan el inicio de la terapia con opiáceos para el dolor de espalda crónico de moderado a grave o el dolor de osteoartritis de cadera o rodilla.

Todas esas muertes y todo este sufrimiento…

Pero, ya sabes, no te resignes..

RECOMENDACIONES PARA MÉDICOS:

1- No reciba a los representantes de empresas que promocionan opioides. Solo pueden aumentar su prescripción y usted poner en peligro a sus pacientes

2- La próxima vez que un paciente venga  buscar recetas de opioides antes de tiempo plantéese que probablemente es adicto y está consumiendo cada vez más dosis

3- Háblelo con el enfermo y busquen una estrategia para enfrentarse a la deshabituación

RECOMENDACIONES PARA CIUDADANOS

1- Si su médico le recomienda opioides para un dolor crónico, dígale que no hay evidencias de que sean mejor que el paracetamol o los anti-inflamatorios. Si insiste, cambie de médico

2- Si ya está tomando opioides y nota que cada vez consume más dosis: seguramente es adicto. Háblelo con su médico y busquen soluciones de deshabituación. Su vida podría estar en peligro. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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