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Los gobiernos y la mayoría de las instituciones y organismos que financian o realizan investigación defienden que la relación entre tecnociencia y poder económico es buena tanto para la sociedad como para la propia tecnociencia.

En medicina, esas relaciones están teniendo un efecto neto negativo y desde NoGracias hemos realizado propuestas, no para evitar esa relación, sino para que esté definida por reglas democráticas y no por los fines comerciales (siempre cortoplacistas, algo con mucha frecuencia, incompatible con la búsqueda del bien común o social).

Hemos tenido acceso a este documento de 2009 elaborado por la organización británica «Scientist for global responsability»  que merece la pena ser reseñado ya que, aunque trata específicamente la industria farmacéutica, extrae conclusiones más generales

El documento señala dos sesgos fundamentales que introduce el poder económico en la tecnociencia biomédica:

• El sesgo de patrocinio: cuando la fuente de financiamiento afecta el resultado de la investigación científica de forma sistemática y significativa. El sesgo de patrocinio incluye el sesgo de publicación, es decir, cuando la publicación de los resultados está comprometida por la influencia del patrocinador de la investigación.

• El sesgo de marketing: cuando las empresas presentan sus productos de la mejor manera posible utilizando múltiples cauces que van desde los medios de comunicación generales, la formación sanitaria o la publicidad directa a los decisores.

Los autores describe 4 grandes estrategias de influencia del poder económico en la ciencia en general:

  • Influencia en la agenda o prioridades de investigación
  • Influencia en los resultados de la investigación
  • Influencia en la falta de transparencia u opacidad de la investigación
  • Influencia en la interpretación pública de los resultados de la investigación

En el cuadro arriba se resumen las estrategias específicas mediante las que el poder económico influye el la ciencia biomédica.

Tras abordar un análisis de los sectores farmacéutico, militar, energético, tabaco y biotecnológico, los autores concluyen que la confianza acrítica de los gobiernos occidentales en la capacidad del I+D privada para producir mejoras económicas y bienestar para los países ha llevado a una ignorancia de los efectos adversos de una ciencia determinada por los intereses económicos, y que está produciendo:

  • Daño en la calidad, la fiabilidad y la confianza pública en la ciencia
  • Debilitamiento de la I+D como factor de progreso social

La preponderancia del valor económico sobre otros valores como los científicos, profesionales, académicos o sociales está teniendo efectos perniciosos sobre la tecnociencia como gran proyecto de la modernidad. Es una deriva de la institución que no requiere ni siquiera que haya una excesiva prevalencia de fraude o mala conducta:

«Existe una clara evidencia de que los intereses económicos pueden ser muy perjudiciales para la tecnociencia a través de la introducción de sesgos significativos y la marginación de investigaciones con claros beneficios sociales y ambientales. Esta influencia se producen en diferentes niveles: durante los estudios de investigación, los procesos de establecimiento de la agenda de I + D o la comunicación de los hallazgos a otros profesionales, políticos o al público» 

  • TRANSPARENCIA Y BUEN GOBIERNO DE LAS INSTITUCIONES (UNIVERSIDADES, SOCIEDADES CIENTIFICAS, CENTROS INVESTIGADORES, AGENCIAS GUBERNAMENTALES, REVISTAS CIENTÍFICAS Y MEDISO DE COMUNICACIÓN, ETC..)

 

  • GESTIÓN DE LOS CONFLICTOS DE INTERÉS

 

  • FINANCIACIÓN PÚBLICA PARA LÍNEAS DE INVESTIGACIÓN SIN INTERÉS COMERCIAL

 

  • PARTICIPACIÓN DE LA SOCIEDAD Y FOMENTO GUBERNAMENTAL DE FOROS Y ORGANISMOS DE DEBATE Y DELIBERACIÓN SOCIAL SOBRE LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS Y SUS EFECTOS

 

 

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