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Aunque ahora nos parece natural que haya más mujeres ejerciendo la medicina que hombres, hasta hace bien poco esto era una rareza. Excepto honradas excepciones, la medicina era territorio acotado para varones. Quizá por ese motivo y por que había que perpetuar la hegemonía de los hombres sobre las mujeres a toda costa, las diferencias anatómicas y fisiológicas evidentes entre ambos sexos se han utilizado históricamente como pretextos para afianzar dicha supremacía.

Hacia 1860-80, el higienismo imperante en Europa impulsó la gimnasia como método para mejorar la capacidad física de los hombres, con el fin de nutrir las tropas con las que defender las fronteras. El papel de la mujer era simplemente el de obtener, a través de la reproducción, la lactancia y la crianza de los niños, mano de obra militar.

Sin embargo, hacia finales de siglo la práctica deportiva comenzó a desarrollar su lado más lúdico. Incluso comenzó a concebirse como una actividad de distinción social y de elegancia. El velocípedo era la viva imagen de la modernidad asociada a la velocidad y al desarrollo técnico. Pero este artículo de lujo parecía vetado a las mujeres. No sólo era visto como contrario a la feminidad, sino que algunos médicos se afanaron en asociarlo a problemas de salud de la mujer para justificar la censura.

El primer argumento fue vincular el deporte de moda con la falta de fertilidad femenina. Primero, por sus consecuencias físicas sobre el aparato reproductor que podían acarrear esterilidad; segundo, por la posibilidad de provocar abortos en las encintas; y por último, por que proporcionaba sensaciones que podían distrajer a una mujer con potencial capacidad reproductora de su misión genuinamente procreadora. Estos efectos eran incompatibles con el interés político de aumentar la natalidad como forma de expandir demográficamente las naciones.

Los higienistas, además, venían con preocupación que el sillín se apoyara tan directamente sobre el periné de la mujer. Para el Dr. Phillipe Tissié, el ciclismo podía lesionar lo que él denominaba la grande blessée (la gran herida, el lugar por el que se emiten los flujos menstruantes, hecho que para el eminente fisiólogo debilita con regularidad a las mujeres), provocando patologías como vulvitis, uretritis y vulvovaginitis. Otras publicaciones científicas de la época relacionaban una “demasiado celosa práctica de este deporte” con alteraciones anatómicas del útero. El mayor estudio impacto del ciclismo en la mujer fue el Dr. Ludovic O’Followell. Pero al margen de sus efectos patológicos, su preocupación más acuciante fue que el roce del sexo con el sillín podía hacer que la mujer pudiera experimentar una “efervescencia”, una “excitación lasciva” y un “ataque de locura sensual” que alejaran a la mujer de sus deberes de satisfacer en exclusiva al cónyuge.

La consecuencia de exagerar los peligros del ciclismo en la mujer se dejaba caer por su propio peso. Primero, defender su prohibición:

El ciclismo, que es tolerable para los hombres, debería ser formalmente ser prohibido para las mujeres.

Segundo, si la mujer termina montano en bici, que sea solo tras expreso permiso de los médicos:

Ninguna mujer debe montar en bicicleta sin haber sido sometido a un examen médico, especialmente de punto de vista ginecológico (Dr. Ludovic O’Followell, “Bicyclette et Organes génitaux”, 1900).

Sin embargo, el mercado es el mercado. En cuanto se desarrollaron mecanismos para la producción masiva de los primeros modelos comerciales de bicicletas, poder venderlas también a las mujeres multiplicaba por dos las opciones de negocio.

La imagen que proporcionaban los carteles de la época, en los que la mujer podía estar a la altura del hombre, fue explotaba por la incipiente corriente feminista, que vio en la bicicleta un instrumento de emancipación.

Años más tarde, el uso de la bicicleta por las mujeres trajo consigo el final de un icono de la época victoriana. Además de delinear la figura, el corsé constreñía en sentido metafórico a la mujer: era un símbolo del sometimiento a los deseos del hombre. Pero pedalear hacía imposible llevar corsé, así que bienvenida la bicicleta y adiós al corsé.

Esta otra pequeña redención sí que fue favorecida, aunque de manera insuficiente, por la medicina. El mismo Dr. O’Followell que alertaba del peligro de las bicicletas en las mujeres, estudió con la innovadora tecnología de las radiografías la impronta de los corsés sobre la anatomía femenina. Ludovic comprobó que aumentar artificialmente las curvas femeninas podía hundir las últimas costillas. Sin embargo, no abogó por suprimirlas, sino por hacerlas más flexibles para que dañaran un poco menos.

Ludovic O’Followell. Le Corset (1908)

La liberación final de la mujer de los símbolos de la opresión machista sólo podía venir de la propia mujer. En España, de la mano, entre otras, de Concepción Arenal. Sin ser médico ni enfermera, en 1885 supo desentrañar las verdaderas causas de las causas de la enfermedad de muchas mujeres obreras:

que una enferma estaba doce o catorce horas doblada sobre la costura o dando a la máquina y comiendo mal;

que la otra se levantó y trabajó antes de tiempo, recién parida, o criando y comiendo mal tenía que desempeñar una ruda tarea;

que la de más allá, en una época crítica, en vez de hacer ejercicio, respirar aire puro, oxigenar bien su sangre y entonarse con una buena alimentación, estuvo en el taller o en la fábrica respirando una atmósfera infecta, sentada siempre o siempre de pie, con posturas y esfuerzos antihigiénicos, humedad, mucho frío o mucho calor, etcétera.

Centenares, miles, muchos miles de mujeres, para la ciencia médica sucumben de esta o de la otra enfermedad; pero la ciencia social sabe que mueren de trabajo.

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– The Corset X-Rays of Dr Ludovic O’Followell (1908): https://publicdomainreview.org/collections/the-corset-x-rays-of-dr-ludovic-ofollowell-1908/

– Hundred-year-old X-rays reveal how corsets put the squeeze on Victorian women:http://www.nydailynews.com/life-style/fashion/x-rays-reveal-corsets-put-squeeze-victorian-women-article-1.1353935

– Anaïs Bohuon & Antoine Luciani (2009) Biomedical Discourse on Women’s Physical Education and Sport in France (1880–1922). The International Journal of the History of Sport, 26:5, 573-593: http://www.tandfonline.com/doi/pdf/10.1080/09523360902722518
– Le vélo, l’invention qui émancipa les femmes: http://m.slate.fr/story/104509/velo-outil-emancipation-femmes
– ¿Esclavas del figurín?: Moda, educación y emancipación en la obra de Concepción Arenal, Rosario de Acuña y Carmen de Burgos: http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/esclavas-del-figurin-moda-educacion-y-emancipacion-en-la-obra-de-concepcion-arenal-rosario-de-acua-y-carmen-de-burgos/html/dcd6420a-2dc6-11e2-b417-000475f5bda5_5.html
– Concepción Arenal y la salud de las mujeres: http://www.gacetasanitaria.org/es/concepcion-arenal-salud-las-mujeres/articulo/S0213911102719559/

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