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Pablo Malo es psiquiatra, miembro de la Txori-Herri Medical Association, «una Organización Lúdico-Festivo-Científico-Médica, sin ánimo de lucro, y en general de buenas y sanas intenciones» que lleva casi 20 años «dando caña» a todo lo que suene convencional en medicina y psiquiatría, y es fundador del grupo de psico-rock The Beautiful Brains.

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Es coautor del texto de referencia «Psiquiatría evolucionista: una introducción» y tiene un blog más que interesante que conocimos gracias a sus críticas a los mitos de Peter Gøtzsche sobre la psiquiatría.

Captura de pantalla 2016-03-27 a las 11.00.34Acaba de publicar un comentario sobre las conclusiones médicas de la Comisión francesa de investigación de accidentes aéreos (BEA) que recomienda «romper el secreto profesional en casos graves de desequilibrios psicológicos de los pilotos» y “reglas claras” para determinar el comportamiento de los médicos en estos casos: «hay que definir las condiciones de seguimiento de los pilotos con antecedentes de problemas psicológicos» concluye el Informe.

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Para Pablo Malo:

«Esas “reglas claras” no van a existir porque no se pueden dar. El suicido y el homicidio realizado por pacientes mentales son sucesos muy raros que no se pueden predecir precisamente por su rareza. Y un suicidio ampliado como el realizado por Lubitz es un auténtico cisne negro, algo todavía más raro dentro de lo raro. Ahora que ha ocurrido nos parece, por la falacia retrospectiva o del historiador, que era claramente previsible que ocurriera. Pero realmente no lo era. Por eso, creo que tomar medidas contra cisnes negros no va a impedir que ocurran y va a complicar el tratamiento de la mayoría de los casos normales que podemos ver a diario (que incluyen muchos otros casos además de los de pilotos de aviación).«

Cita Malo un post suyo previo «¿Por qué existe la anti-psiquiatría y no la anti-psicología?» en el que expresaba las dos funciones contradictorias e irresolubles de la psiquiatría:

1- La atención y cuidado a un individuo con respeto a su libertad individual, sus derechos y su autonomía. Nuestra obligación como médicos es hacer todo lo que podamos por nuestro paciente y poner sus intereses por encima de cualquier otra consideración.
2- La atención a la comunidad. La Psiquiatría tiene un papel de control social en el sentido de que la sociedad le exige que los pacientes mentales no dañen al grupo.
«Ninguna otra rama de la medicina tiene estos dos encargos contradictorios», explica Malo, «salvo las infecciones graves de declaración obligatoria. Cuando una infección pone en peligro a la comunidad (Tuberculosis, Ebola, etc…), el paciente puede ser ingresado en contra de su voluntad con la justificación de que de esta manera se preserva la salud pública. A los psiquiatras se nos pide que respetemos la libertad de nuestros pacientes pero, a la vez, se nos critica  y pide responsabilidades si nuestro paciente actúa contra los demás o contra ellos mismos. Hagamos lo que hagamos no vamos a contentar a todo el mundo. Si no ingresamos a un paciente grave y ocurre alguna desgracia nos lo reprocharán, y si lo ingresamos habrá quien nos acuse de opresores. No hay escapatoria.»
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La reducción del riesgo a cero, es una de las estrategias medicalizadoras más potentes que existen (también es la estrategia preferida para instaurar políticas represivas en nombre de la seguridad). Para el bioeticista norteamericano Daniel Callahan es una especie de idea tiránica (junto a la del perfeccionamiento y la de la salud) que, a pesar de su irracionalidad, está determinando en gran medida tanto el comportamiento de los individuos respecto a su salud como el de la sociedad respecto a la salud pública.
 
La percepción de los riesgos por parte de la ciudadanía nunca es objetiva ya que está sometida al sesgo de disponibilidad. Es decir, al intentar estimar la frecuencia de un suceso adverso, la sociedad cambia la frecuencia objetiva (la probabilidad real de que un hecho suceda) por una frecuencia subjetiva (la facilidad con la que acude a su memoria un caso trágico).
 
Los hechos trágicos aunque infrecuentes suelen ser noticias ampliamente difundidas por los medios de comunicación y objeto de conversaciones informales de la gente debido a su novedad y dramatismo. Finalmente, gracias al sesgo de disponibilidad, el riesgo aparece sobre-dimensionado por la opinión pública.
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El problema no es que la sociedad estime mal los riesgos sino que esta sesgada percepción acabe guiando también las decisiones públicas. Debido al desgraciado caso del piloto de Germanwings, es lo que puede pasar si las autoridades, siguiendo los consejos del Informe, acaban convirtiendo a los médicos en policías preventivos, detectores de potenciales infractores que, naturalmente, evitarán solicitar ayuda si saben que pueden ser  etiquetados como «personas de riesgo» o incluso ser denunciados. Un auténtico dislate.
Concluye Pablo Malo:
«La sociedad debería elegir entre la seguridad y tomar medidas que van a limitar la libertad de la gente de manera que se actuará y se perjudicará a pacientes que nunca harían nada…O, en el caso contrario, la sociedad debería mantener las libertades de las personas y aceptar que de vez en cuando pueden ocurrir casos como este.«
No es posible el riesgo cero: su búsqueda en términos individuales es una lucha condenada al fracaso y/o a la iatrogenia; en términos sociales, una peligrosa excusa para políticas antidemocráticas y convertir la confianza médico-paciente en una especie de broma pesada.

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