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Captura de pantalla 2014-11-08 a la(s) 15.19.56 Han comenzado los análisis de los primeros datos derivados de la Sunshine Act que, como ya hemos comentado, establece la obligación de declarar, por parte de la industria farmacéutica y de tecnologías, los pagos efectuados a los médicos norteamericanos que trabajan en el sistema público norteamericano. Son datos incompletos ya que un tercio de los pagos están siendo revisados y no se han publicado y, de los que sí han sido publicados, el 40% no incluye el nombre de los médicos o de los hospitales  (esto ocurre especialmente con los pagos bajo el epígrafe «investigación» donde los pagos no se asocian a médicos en el 90% de los caso), por existir dudas e inexactitudes (supone el 64% de todo el montante económico) Captura de pantalla 2014-11-08 a la(s) 15.15.40 Además, es difícil saber cuánto paga cada compañía ya que para los registros se suele utilizar el nombre de empresas subsidiarias. Por ejemplo, la multinacional Johnson & Johnson utiliza el nombre de 15 distintas empresas de su corporación. DE igual modo, no es fácil saber cuánto dinero se dedica a cada medicamentos o tecnología ya que no ha habido homogeneidad en los descriptores. Esta ronda solo incluye los pagos realizados entre los meses de agosto a diciembre de 2013. El gobierno se ha comprometido a que estos datos estén completos en la siguiente ronda (junio de 2015). La herramienta puesta a punto por el Centers for Medicare and Medicaid Services  (CMS), la agencia pública responsable, permite la búsqueda de los pagos efectuados, por médicos, centros y compañías. La publicación de los datos ha tenido un enorme interés por parte de la población norteamericana, con millones de accesos en poco tiempo a la página del CMS y múltiples artículos y comentarios en los medios de comunicación general. Pero, aun siendo una herramienta en rodaje y con datos incompletos, hay ya información muy interesantes: Captura de pantalla 2014-11-08 a la(s) 15.25.54 + La industria ha repartido, en cinco meses, 4600 millones de dólares, entre 546.000 médicos (60% de todos los médicos norteamericanos) y 1360 hospitales docentes

+ Se han publicado, por ahora, datos relacionados con 3500 millones de dólares:

– Unos 1500 son pagos a los médicos por actividades relacionadas con la investigación;

– Hasta 1300 millones se han pagado a médicos con acciones o participación en empresas proveedoras del sistema público (1000 millones) y por royalties y licencias por innovaciones (302 millones)

– Pagos de actividad formativa acreditada: 4 millones

– Pagos con fines comerciales han sido unos 1690 millones

+ Los cirujanos ortopédicos son los que han recibido más dinero, casi todos en concepto de royalties y pagos por innovaciones

+ Entre los pagos con fines comerciales, donde la industria invierte más dinero es en líderes de opinión (202 millones), seguido de pagos por consultoría (158), comidas (92), viajes y hostelería (74), becas (38), material educativo (26), honorarios (25), regalos (19 millones) y educación no acreditada (14,8 millones)

Llaman la atención también los primeros análisis y reacciones que van desde «esta es una guerra contra los médicos» hasta la ficticia separación entre pagos buenos y malos

Parece más interesante el artículo publicado en Plos «Act II of the Sunshine Act» que intenta atisbar qué puede pasar en los siguientes años ante el cambio de escenario, es decir, cómo responderá el «mercado» ante la transparencia:

«La Sunshine Act se puso en marcha con la intención de, primero, hacer públicos los incentivos financieros utilizados por las empresas para convencer a los médicos para favorecer a sus productos comerciales; y, en segundo lugar, haciendo públicas estas transacciones, reducir la influencia de las empresas sobre los médicos. La premisa subyacente en la Ley es que los pacientes responderán negativamente al conocer los pagos que su médico ha recibido y los médicos estarán menos dispuestos a aceptar los pagos, y la influencia de la firma se vería disminuido. Este fue el escenario ideal previsto por la Ley»

La autora del texto del Plos, Genieve Phan-Kanter, profesora de salud pública de la Universidad de Drexel, reflexiona como, dado que algunos pagos son mejor vistos por los pacientes que otros (por ejemplo, los pagos por consultoría mejor que los referentes a comidas o viajes), es muy probable que la industria comience a utilizar el descriptor «pago por consultoría» con mayor frecuencia, sin que el objetivo subyacente, influir en las decisiones de los médicos, cambie.

En EE.UU además, existen prescriptores no médicos (asistentes médicos y enfermeras) que probablemente reciban parte del montante económico que previsiblemente, como los vampiros, huirá de la luz.

Otra previsible consecuencia es la paulatina infra-declaración ya que las penas impuestas por no declarar pagos no parecen suficientemente disuasorias.

La autora también adelanta la posibilidad de que el conocimiento por parte de los pacientes de los pagos recibidos por sus médicos no constituya un problema para ellos, con lo que la hipótesis moral de la que parte la Ley, es decir, la transparencia premiará a los médicos independientes, podría venirse abajo.

Los pacientes, hipotetiza la autora, pueden no cambiar la opinión sobre su médico al conocer que recibe pagos de la industria, sobre todo si la relación clínica es de larga duración. Además, algunos pagos como los que se realizan por consultoría o aquéllos descritos como investigación (aunque sea investigación promocional) pueden ser, incluso, bien vistos por los pacientes. Por último, cambiar de médico, n siquiera en el sistema americano, es tarea fácil.

Quizá, «en términos sancionadores, la Sunshine Act, puede estar pidiendo demasiado a los pacientes» y, por tanto, sería necesario que «otras partes» también sancionaran a los médicos que reciben pagos, por ejemplo, las compañías aseguradoras o los centros públicos.

«... la sanción o asociar algún costo por recibir pagos, es fundamental para el logro de los objetivos de la Sunshine Act. Si la transparencia en los pagos quiere tener algún efecto en la reducción de los pagos tenemos que crear un sistema en el que a los médicos les interese más negarse a aceptarlos que hacerlo. En otras palabras, si hay que pensar en qué reformas pueden mejorar la ley Sunshine sería incluir «palos» por aceptar pagos y «zanahorias» por no aceptar los pagos. La experiencia histórica nos dice que la revelación sin sancionar deja la transparencia sin dientes»

Las conclusiones de la autora son:

1- La Sunshine Act es un avance importantísimo que tendrá consecuencias en el comportamiento de médicos, pacientes e industria

2- La ley tiene algunos retos como la necesidad de definir adecuadamente los pagos ambiguos, la inclusión de otros prescriptores no médicos y poner en marcha mecanismos para evitar la infra-declaración como auditorías y multas disuadorias

3-  Parece imprescindible que los mecanismos sancionadores no dependan exclusivamente del comportamiento de los pacientes sino que también haya penalizaciones que provengan de otros agentes

 

 

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