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«Los tristes tienen dos motivos para estarlo: ignoran o esperan» (Albert Camus. El donjuanismo)

La innovación farmacológica y tecnológica -gracias al debilitamiento del entramado ético, político, legal, investigador, académico, profesional y comercial que tenía que establecer sus reglas de funcionamiento- se ha convertido en un gran fracaso social. La medicina como institución está en riesgo de convertirse también en un gran fracaso si no es capaz de tomar el timón. Las industrias farmacéuticas, respondiendo únicamente a su imperativo comercial y olvidando la alianza moral en la que se fundamenta la institución médica, han priorizado el beneficio económico sobre cualquier otra consideración, incluso sobre la salud y seguridad de los pacientes.

Los fines de las organizaciones dedicadas al desarrollo de nuevos medicamentos y tecnologías ya no coinciden con los fines de la medicina pero la inmensa mayoría de las instituciones y profesionales sanitarios siguen irresponsablemente ajenos a esta aplastante realidad y «no ven el elefante en la habitación». Las industrias farmacéuticas con la suicida apuesta por fundamentar su negocio en el marketing y no en las necesidades, han introducido de manera masiva incentivos y sesgos que atentan contra el interés primordial de la institución y de la sociedad, corrompiendo y manipulando en el camino los procesos de generación, difusión, síntesis y aplicación del conocimiento médico.

La pasada semana se publicó en la revista Actualización en Medicina de Familia (AMF) el artículo «Salvaguardas, deriva institucional e industria farmacéuticas»  (Salvaguardas pdf AMF) en el que el actual presidente de NoGracias (Abel Novoa) y dos de sus fundadores (Juan Gérvas y Carlos Ponte) analizan la gravísima situación en la que este «cambio climático» ha dejado a la medicina. El texto intenta señalar responsabilidades y no buscar culpables aportando algunas claves para superar la crisis desde los valores que deben presidir las instituciones democráticas (transparencia, rendición de cuentas y declaración de conflictos de interés) y sanitarias (compromiso con los pacientes y la sociedad, ayudar, no hacer daño y distribuir de manera equitativa los bienes clínicos que son un común o pro-común).

Parafraseando a Camus, la derrota de una institución no juzga las circunstancias sino a ella misma.

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