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Las progresivas restricciones y regulaciones a la investigación con seres humanos en aras de su protección no acababa de gustar a la industria farmacéutica en los años setenta y ochenta. Por eso, prefirieron deslocalizar sus ensayos clínicos a países con «mejor disposición» como la República Democrática Alemana (RDA), en una historia de espías y corrupción tipo «El tercer hombre»

Esta externalización de los ensayos clínicos a países más «baratos» y «des-regulados» continua. El caso Kona en el que Pfizer provó su antibiótico Trovan en niños nigerianos acabó en una indemnización cuyo recorrido también ha tenido su miga.

Este nuevo caso se ha publicado esta semana en Alemania. Veremos en qué acaba.

Agradecemos a Joan Ramon Laporte la noticia

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