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Hace unos día los compañeros del nodo de NoGracias en Asturias comentaban el artículo del New England que, además de las agresivas estrategias comerciales para mantener la cuota de mercado post fin de patente, describía las maniobras de Pfizer para dilatar unos meses la explotación en exclusiva de su medicamento superventas (blockbuster). Estamos hablando del Lipitor (en España, Cardyl), la atorvastatina, el medicamentos más vendido de todos los tiempos; esa pastillita que ha facturado 130 billones de dólares en 14 años.

Lancet, esta semana, señala en su editorial , otra consecuencia de la «gran des-patentación»: el final de una época en la que las Big Pharma basaron su negocio en el modelo cortoplacista y corruptor de los blockbuster

El modelo de los blockbuster consiste en desarrollar un medicamento con una enorme población diana (con frecuencia sin demasiados gastos en investigación como pasa con los me-too), asignar una desproporcionada cantidad de recursos al fomento de las ventas y el marketing, la utilización de estrategias comerciales agresivas y poco éticas («aggressive and sometimes unethical sales and marketing»), inflar el precio del producto para recuperar, con creces, la inversión en marketing, junto con la reducción de la inversión en investigación y desarrollo de nuevos medicamentos realmente innovadores («substantial research and development»). Las consecuencias de este modelo han sido (1) la sobredependencia empresarial de los medicamentos sometidos a patente («..over-reliance on patented drugs with inadequate investment in the drug pipeline») (2) el desastre económico para los sistemas de salud y (3) la caída por la pendiente del descrédito profesional de los médicos.

Cuando la patente expira, la multinacional se desploma porque no ha invertido en futuro: Pfizer ya ha anunciado el cierre de su centro de desarrollo en Sandwich (Kent, UK), con el despido de sus 2400 trabajadores, y una reducción de su inversión en investigación para el próximo año de 1,5 billones de dólares. Esta estrategia blockbuster ya se conocía como poco sostenible en términos empresariales (» SmithKline, for example, failed to reinvest the proceeds of its successful stomach ulcer drug Tagamet (cimetidine) in research and was forced to merge with Beecham in 1989″). Pan para hoy y hambre para mañana; es la burbuja sanitaria, semejante a la inmobiliaria o la financiera.

También para los sistemas de salud ha sido un desastre ya que han tenido que soportar en sus presupuestos ventas desproporcionadas de medicamentos sujetos a patente (con sus estupendos precios «inflados») gracias a las tácticas comerciales asociadas al modelo; tácticas que conseguían la hiperprescripción del blockbuster mediante (1) la sobreindicación (prescripción no indicada, por ejemplo, hipolipemiantes para la prevención primaria; en un estudio del 2002, realizado en tres centros de salud, más de la mitad de los pacientes en tratamiento no tenían indicación) y/o la  (2) indicación interesada (prescripción indicada de un medicamento más caro cuando existía otro más barato con la misma efectividad por motivos ajenos al interes del paciente). En España la atorvastatina fue en el año 2010, por n-año consecutivo, el medicamento con mayor consumo (535 millones de euros) aunque la aparición del genérico y la obligación de prescribir por principio activo ha permitido un significativo ahorro respecto al año 2009 (15,41%)   

El costo de la estrategia blockbuster también es tremendo en términos profesionales y morales. Somos los médicos quienes hacemos las prescripciones injustificadas de los superventas. Somos los médicos los principales objetivos de este marketing desaforado y sumamente efectivo (viendo los excelentes resultados que se obtienen).  

¿Qué está suponiendo el final de la patente del Cardyl en España? Por desgracia, la estrategia bluckbuster parece seguir gozando de excelente salud en nuestro país. En una entrada de julio del blog El Comprimido, se demostraba cómo los médicos de las baleares estaban desplazando la prescripción desde el Cardyl al nuevo blockbuster de moda, la rosuvastatina (Crestor), hipolipemiante sin versión genérica y sin evidencias de mayor efectividad que la simvastativa. Como gráficamente expresaban los autores: «en mayo de este año el tratamiento de la hipercolesterolemia de 4.919 pacientes tratados con rosuvastatina le costó al ib-salut casi lo mismo que el tratamiento de los 47.538 pacientes tratados con simvastatina».

El editorial de Lancet, termina clamando por un cambio de modelo («A new business model for industry must mean much closer collaboration with universities and academic medical science») y ve la caída del «blockbuster business model» como una oportunidad para que los gestores de las multinacionales se den cuenta de que su éxito, si quiere sostenerse en el tiempo, debe basarse, no en en estrategias agresivas y poco éticas de marketing, sino en el intercambio juicioso de conocimientos con científicos independientes y en un mayor sentido de la solidaridad con las sociedades a las que, teóricamente, deben servir.

También los profesionales deberíamos hacer una profunda reflexión. ¿No? El modelo bluckbuster sigue funcionando es España. Responsables: la industria corruptora, los profesionales que se dejan corromper (conscientemente, por ignorancia o por comodidad) y los políticos y gestores que consienten que todo este mercadeo pueda seguir funcionando a costa del dinero público mientras, un día sí y otro también, recortan en servicios y políticas esenciales.

Abel Novoa

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